sábado, 28 de febrero de 2009

Número 9 de 01 de març de 2009

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Calendari d'activitats


Diumenge 01:....Misses a les 10h, a les 12h, a les 20 h.
Dilluns 02:.........
19 h. Formació Bíblica.
Dimarts 03:........
17,30 h catequesi de 1er i de 3er.
Dimecres 04:.....17,30 h catequesi 1er.

Dimecres 04:.....19,30 h Eucaristia.
Dijous 05:..........17 h. Pregària a la Cripta.

Dijous 05:..........19 h Curs de formació.
Divendres 06:....19 h Via crucis.

Divendres 06:....20 h Eucaristia pels difunts.
Dissabte 07:......19 h Celebració del Perdó.

Dissabte 07:......20 h Eucaristia.
Diumenge 08:....Misses a les 10 h, a les 12 h, a les 13 h. i a les 20 h.

Notícies.

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1.- Todos los viernes de Cuaresma a partir del próximo, acompañaremos a Jesús, camino de la cruz, con la contemplación del rezo del Via crucis. Recordar que todos los viernes de cuaresma es día de abstinencia, concretémosla en todo aquello que nos haga más libres para poder hacer la voluntad del Padre del cielo. Si la renuncia se puede calcular en €, aportémoslos para combatir el hambre en la tierra.

2.- Todos los jueves del mes de marzo, charlas cuaresmales, a nivel arciprestal, realizadas en la parroquia de Sant Ildefons. Horario de 7 de la tarde a 8,30. Tema: La Conversión de San Pablo: Llamados a crecer. Ponente: Mn. Joan Masnou.

3.- El próximo fin de semana se realizará la recogida de alimentos, cada vez hay más personas necesitadas y menos alimentos a repartir. Del Fondo social Europeo, antes venían toneladas, ahora no llega a una furgoneta pequeña. Queda todo a nuestras posibilidades y responsabilidad. Compartamos, SÍ, pero hasta donde podamos. Sino hay para todos, hemos de asumir que no hay. No somos una comunidad rica, pero sí solidaria. Muchas gracias.

4.- El Consejo parroquial último, acordó suprimir la peregrinación a Fátima, debido a que se nos pedían depósitos (20%) de total y no había demasiado entusiasmo para ir. Seguramente la crisis nos está afectando. Procuraremos hacer dos salidas, si es posible, una a Zaragoza (hace años que tenemos ganas de ir) y otra a Nuria que tan buen recuerdo nos dejó. Os iremos informando y pronto abriremos la inscripción.

Cómo sería la vida.

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Reflexión de José Antonio Pagola a la luz de MC. 1, 12-15

Propiamente, Jesús no enseñó una «doctrina religiosa» para que sus discípulos la aprendieran y difundieran correctamente. Jesús anuncia, más bien, un «acontecimiento» que pide ser acogido, pues lo puede cambiar todo. Él lo está ya experimentando: «Dios se está introduciendo en la vida con su fuerza salvadora. Hay que hacerle sitio».

Según el evangelio más antiguo, Jesús «proclamaba esta Buena Noticia de Dios: se ha cumplido el plazo. Está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia». Es un buen resumen del mensaje de Jesús: «Se avecina un tiempo nuevo. Dios no quiere dejarnos solos frente a nuestros problemas y desafíos. Quiere construir junto a nosotros una vida más humana. Cambiad de manera de pensar y de actuar. Vivid creyendo esta buena noticia».

Todos los expertos piensan hoy que esto que Jesús llama «reino de Dios» es el corazón de su mensaje y la pasión que alentó toda su vida. Lo sorprendente es que Jesús nunca explica directamente en qué consiste el «reino de Dios». Lo que hace es sugerir en parábolas inolvidables cómo actúa Dios y cómo sería la vida si hubiera gente que actuara como él.

Para Jesús, el «reino de Dios» es la vida tal como la quiere construir Dios. Ése era el fuego que llevaba dentro: ¿cómo sería la vida en el Imperio si en Roma reinara Dios y no Tiberio?, ¿cómo cambiarían las cosas si se imitara, no a Tiberio que sólo buscaba poder, riqueza y honor, sino a Dios que pide justicia y compasión para los últimos?

¿Cómo sería la vida en las aldeas de Galilea si en Tiberiades reinara Dios y no Antipas?, ¿cómo cambiaría todo si la gente se pareciera, no a los grandes terratenientes que explotaban a los campesinos, sino a Dios que los quiere ver comiendo y no de hambre?

Para Jesús el reino de Dios no es un sueño. Es el proyecto que Dios quiere llevar adelante en el mundo. Él único objetivo que han de tener sus seguidores. ¿Cómo sería la Iglesia si se dedicará sólo a construir la vida tal como la quiere Dios, no como la quieren los amos del mundo?, ¿cómo seríamos los cristianos si viviéramos convirtiéndonos al reino de Dios?, ¿cómo lucharíamos por el «pan de cada día» para todo ser humano?, ¿cómo gritaríamos «Venga tu reino»?

Cuando un creyente se mete en la piel de un hombre o de una mujer que vive fuera de la iglesia y quiere conocer a Cristo y su evangelio, es posible que se dé cuenta de que no lo tiene fácil.
Si no tiene la suerte de encontrarse con un creyente que vive su fe de manera convencida y gozosa, le resultará difícil captar toda la fuerza, el vigor y la esperanza que Cristo puede aportar a la vida. ¿Por qué digo esto?

Tal como aparece hoy en la sociedad, lo religioso se le va a presentar muchas veces como algo «anacrónico» que, quizás tuvo sentido en otras épocas o culturas, pero que no pertenece a nuestros días. Las ceremonias religiosas que va a ver en la televisión o el lenguaje eclesiástico que habitualmente va a escuchar le pueden llevar a preguntarse: «¿A qué viene todo esto?, ¿hay que vestirse así, hacer estos ritos o hablar de esa manera para relacionarse con Dios o vivir el evangelio de Cristo?»

No es sólo esto. Lo religioso se le puede presentar también como algo «autoritario». Un mundo en el que se imponen verdades y dogmas que hay que aceptar aunque no se entiendan. Una institución que prohíbe y censura cosas que, en principio a uno le parecen sanas. Surgirá entonces la pregunta: «¿Cómo voy a aceptar algo que se me trata de imponer de forma autoritaria?»

Puede tener también la impresión de que en las instituciones religiosas hay «miedo» al avance de la ciencia, al progreso de las ideas y a los cambios sociales. Incluso puede llegar a sospechar que lo religioso, tal como a veces es presentado y vivido, está contra la vida. ¿Cómo percibir entonces a ese Cristo que vino para que los hombres «tengan vida y la tengan en abundancia» (Juan 10, 10)?
No es el momento de analizar lo que hay de injusto o verdadero en esta visión de lo religioso, lo que es deformación de la realidad o pecado de la Iglesia. Lo cierto es que a través de esta percepción de lo religioso, es casi imposible que una persona llegue a descubrir la luz y la fuerza que Cristo puede infundir a la existencia.

Según Marcos, Jesús «proclamaba la Buena Noticia de Dios» (Marcos 1, 14). Para muchos que sólo conocen lo religioso «desde fuera», la verdadera oportunidad de entrar en contacto con «lo cristiano» y descubrir a ese Dios es encontrarse con hombres y mujeres en cuya vida se pueda ver con claridad que creer en Dios hace bien, pues da fuerza para vivir y esperanza para morir.

Hubo un tiempo en que era peligroso confesarse cristiano. Podía significar, incluso, ser condenado a muerte. La persecución ha acompañado a menudo a los cristianos. Los mártires son creyentes que han confesado su fe con su sangre.

Ha habido, por el contrario, tiempos en que ser cristiano era ventajoso. Significaba prestigio y hasta trato privilegiado por parte de las autoridades y de la misma sociedad. La condición de cristiano era una especie de «status» social, no esfuerzo de fidelidad al evangelio.
Hoy, ser cristiano, más que peligroso o ventajoso, es sencillamente difícil. Sin duda, siempre es peligroso ser auténticamente cristiano; también en nuestros días puede entrañar riesgos. Y siempre existe la tentación de acogerse a situaciones de privilegio allí donde la Iglesia tiene poder social. Pero lo propio de nuestros tiempos está en la «dificultad» de ser cristiano.
Según Raimon Panikkar a quien sigo de cerca en esta reflexión, el «peligro» para el cristiano suele venir, en general, de fuera; son las fuerzas hostiles a la Iglesia las que desarrollan la persecución. El «privilegio» suele ser consecuencia de un estado de compromiso entre el cristianismo y los que detentan el poder. La «dificultad actual» del cristiano proviene de dentro de sí mismo y de dentro de la misma Iglesia.

Ser cristiano es difícil porque cuesta vivir las bienaventuranzas y ser fiel al evangelio. La dificultad está dentro de nosotros, en nuestra resistencia a seguir la voz del Espíritu, que nos llama siempre a una vida más digna y más plena. Es más fácil «rebajar» el cristianismo y adaptarlo a nuestra vida mediocre.

La dificultad está también en que, muchas veces, el cristiano no recibe de los demás creyentes apoyo y aliento para vivir su fe de manera auténtica. La Iglesia no aparece como modelo evangélico; no inspira ni alienta; más bien, decepciona. Resulta más fácil entonces olvidar el evangelio y acomodarse a la rutina general.

Según Panikkar, en los momentos en que se hace peligroso ser cristiano, es necesario ejercitar la virtud de la fortaleza. Cuando, por el contrario, resulta un privilegio, lo que se requiere es humildad. Hoy, para superar la dificultad de ser cristiano, se precisa obediencia al Espíritu.
El pensador catalán recuerda, con toda la tradición cristiana, que saber obedecer significa saber escuchar bien (ob-audire). Mantener despierto el oído interior; conservar limpio el corazón; estar atento a la voz de la propia responsabilidad. En el fondo, ser cristiano o no, es un asunto que se juega en nuestra capacidad de obedecer a la llamada de Cristo: «Convertíos porque está cerca el Reino de Dios.» Cambiad porque un Dios cercano quiere reinar en vuestra vida.

Hagamos oración:

1.- Una vez leído el texto, busquemos un rato de calma en nuestra vida, reflexionemos a la luz del texto, impliquémonos:
  • ¿Cómo acojo el Reino?
  • ¿Cómo Cristo está presente en mi vida?
  • ¿En qué he de cambiar?
  • ¿Cuáles son mis tentaciones?


2.- ¿Qué hay en mi vida que pueda ofrecer al Señor y que sirva para construir Reino?

sábado, 21 de febrero de 2009

Número 8 de 22 de febrer de 2009

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Calendari d'activitats
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Diumenge 22:.Misses a les 10 h, a les 12 h, a les 13 h. i a les 20 h.
Dilluns 23:......19 h. Formació Bíblica.
Dimecres 25:...17,30 h catequesi 1er.

Dimecres 25:...19,30 h Eucaristia de Ceniza
Dijous 26:........17 h. Pregària a la Cripta.

Dijous 26:........19 h Curs de formació.
Divendres 27:..20 h Eucaristia pels difunts.
Dissabte 28:....19 h Sant Rosari.

Dissabte 28:....20 h Eucaristia
Diumenge 01:.Misses a les 10 h, a les 12 h, i a les 20 h.

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Notícies

1.- El P. Jóse Montobbio, continúa mejorando aunque todavía no tiene el alta médica.

2.- El miércoles próximo es MIÉRCOLES DE CENIZA, en esta fecha los católicos empezamos el periodo cuaresmal. Está programado como tiempo de liberación de todo tipo de esclavitud que nos imposibilite hacer la voluntad del Padre del Cielo. Tenemos el ejemplo claro de Jesús de Nazaret, no le fue fácil seguir la voluntad del Padre, sus grandes tentaciones las tenemos en el inicio de los evangelios (Mt 4, 1-11 y 26, 26- 44; Lc 4, 1-13 y 22, 39- 44). La tentación es hacer lo mismo que hago pero desde la autocomplacencia y el protagonismo; no caer en la tentación es ser servidor de los planes de Dios buscando la felicidad y la dignidad de todos las personas, con una atención especial por aquellas que la sociedad injusta más hace sufrir: pobres, marginados, enfermos, ancianos, mujeres maltratadas, niños, inmigrantes por cuestiones económicas o políticas. Es difícil fijar nuestra mirada en estos colectivos y ponernos a su servicio; de aquí que la cuaresma de siempre ha pedido al creyente que potencie la oración, como diálogo de confianza con el Padre, para que sea Él quien oriente nuestra vida, el ayuno, como renuncia a las cosas y a los dineros no necesarios y ponerlos al servicio de los que lo necesitan y la abstinencia, como camino de educación hacia la solidaridad y valoración de la libre pobreza personal.

3.- El próximo jueves, día 26, de 7 a 8,30 de la tarde reunión del Consell Arxiprestal, son participantes los representantes de todos los Consejos parroquiales. Tema: ¿Qué hacer en estos momentos de crisis?

4.- El próximo miércoles es día de Ayuno y el viernes de abstinencia.

Mensaje para la Cuaresma '09

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Mensaje para la Cuaresma ’2009
Enviado por Benedicto XVI

“Jesús, después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre”. (Mt 4,2)
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Queridos hermanos y hermanas:

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor - la oración, el ayuno y la limosna - para disponernos a. celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual).
En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender. su misión pública. Leemos en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. lR 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.
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El ayuno en la Biblia
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Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que "el ayuno ya existía en el paraíso", y "la primera orden en este sentido fue dada a Adán". Por lo tanto, concluye: "El 'no debes comer' es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia" (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar "para humillarnos - dijo - delante de nuestro Dios" (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: "A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos" (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.
En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal", con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.
La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: "El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica" (Sermo 43: PL 52, 320, 332).
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Su actual pérdida de valor
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En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Paenitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no "vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos" (cfr. Cap. 1).
La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).
La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía "retorcidísima y enredadísima complicación de nudos" (Confesiones, 11, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno} escribía: "Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura" (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.
Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia "los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), Y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.
Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privamos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: "Uta mur ergo parcius} / verbis} cibis et potibus, /somno, iocis et arctius/perstemus in custodia - U sernas de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.
Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Veritatis Splendor, 21). Por .lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostrae laetitiae, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios". Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.
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Vaticano, 11 de diciembre de 2008

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¡Gracias, señor Darwin!

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¡Gracias, señor Darwin!
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19-Febrero-2009
José Arregi
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Hola, amigos, amigas:
El jueves pasado celebramos el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin, y pensaba escribir sobre él. Pero Eluana acababa de morir -otra forma de nacer-, y urgía honrar su memoria, condenada a la ignominia por algunos togados y muchos purpurados. Hoy vuelvo a la memoria de Darwin, para celebrarla. ¡Gracias, señor Darwin! ¡Qué bien que vino Ud. hace 200 años y, contra la voluntad de su padre, cambió su primera carrera de teólogo por la de naturalista observador y viajero!

Descubrimos mejor a Dios observando y admirando la naturaleza que devanándose los sesos con muchos textos de teología. Darwin hizo más por la teología que todos los teólogos de su tiempo juntos. Naturalmente, no todos lo vieron así ni le dieron la bienvenida. Es lo de siempre. Los datos y las hipótesis de Darwin, hoy confirmadas básicamente y reconocidas por todos los científicos, eran entonces demasiado peligrosas, no para la fe, sino para quienes identificaban la fe con los dogmas o sus centenarias interpretaciones. En 1946, Pío XII, gravemente inquieto por las ideas de Darwin, se preguntaba: “Si tal doctrina se difundiese, ¿qué sería de los dogmas católicos inmutables, de la unidad y la estabilidad de la fe?”. Pues sería y es tan sencillo y hermoso como la vida misma; simplemente, hay que dejar de pensar en los dogmas como algo inmutable; hay que dejar de pensar en la fe como algo uniforme y estable; hay que entender los dogmas y considerar la fe de acuerdo a la vida siempre cambiante y diversa.
Aún estamos muy lejos de una teología en clave evolutiva. Nadie piensa ya, supongo, que Dios creó en seis días todas las especies una por una, y que el ciempiés y la ballena y los seres humanos existimos “desde el principio”, cada uno por separado. Si alguien se encuentra, como Darwin se encontró, con el fósil de un animal hoy inexistente incrustado en una roca, supongo que nadie piensa que Dios hizo a propósito esa roca con incrustaciones de fósiles de especies que nunca habrían existido. A nadie se le ocurre. Pero la verdad es que la inmensa mayoría de los creyentes siguen aún pensando sobre Dios y la creación, sobre el ser humano y la encarnación, sobre la salvación y la “vida eterna” como si Darwin no hubiera existido.
Después de 200 años, ¡cuánto le queda aún a la teología por aprender de Darwin! Por ejemplo, que Dios no creó “al principio” o en el Big Bang, sino que desde el corazón de la materia, del átomo-casi diría “creándose-sigue creando y de las galaxias. Que todo está relacionado y que todo se mueve y evoluciona, desde las partículas subatómicas hasta las nebulosas de galaxias. Que Dios se está encarnando sin cesar en el cosmos y que, si el cosmos es eterno, Dios se está encarnando eternamente, y que seguirá encarnándose en el mundo mucho más allá de esta especie humana, mucho más allá de esta Tierra, hasta que sea plenamente, hasta que lo sea todo en todas las cosas. Que esta nuestra maravillosa Tierra no es el centro del cosmos y que, en este pequeño y bello planeta, los seres humanos no somos el centro ni somos el fin, y que todas las formas actuales de vida son fruto de la evolución a partir de la misma forma primitiva de vida, y a partir de los mismos átomos y partículas del principio, y que la vida seguirá evolucionando hacia nuevas formas inimaginables. Que nuestra historia no está cerrada, y nuestra libertad y conciencia acaban justo de empezar a despertar, y están despertando igualmente en todas las otras especies animales, nuestras hermanas.
El misterio de Dios se nos hace mucho más transparente en la evolución de la vida Darwin la describe que en la vieja imagen de un Dios que crea la vida, las especies y las “almas” interviniendo desde fuera. Su diseño de la evolución de la vida fue mucho más inteligente que el “Diseño Inteligente” sin evolución. Su asombro agnóstico ante un mundo en azarosa evolución nos aproxima más a la presencia de Dios en la entraña de los seres que la fe ferviente de muchos creacionistas en un mundo acabado o previamente diseñado. ¡Gracias, señor Darwin!
Los seres humanos fuimos bacterias, y nos convertimos en células eucariotas y de ahí se siguió todo lo demás. Y hubo muchas ramas en el árbol de la vida, y en casi-cada rama brotaron nuevos brotes y tallos, y nosotros hemos nacido en una ramita todavía tierna y débil. Y el inmenso árbol-acabamos de nacer sigue creciendo, y cada ser viviente podría contar su propia historia, distinta y maravillosa, y todas las historias nos llevan al mismo origen. Durante muchos millones de años, los seres humanos fuimos familia invertebrada, como la lombriz y la araña, el cangrejo y la mariposa. Y millones y millones de años más tarde, la evolución inventó la columna vertebral, y somos vertebrados, al igual que la tortuga y la rana, el delfín y la malviz. Y fuimos también peces, porque muchos vertebrados se fueron a vivir a los mares y les gustó. Pero al cabo del tiempo, algunos se cansaron y decidieron salir del agua y se acostumbraron a vivir en tierra firma, aunque nunca podremos vivir sin agua, pues del agua venimos, y por eso seguimos teniendo sed. Salimos, pues, del océano y nuestros antepasados se convirtieron en mamíferos de tierra como el ciervo y el oso, el murciélago y el ratón. Y de nuevo pasaron muchos millones de años y, entre los muchos mamíferos de todos los tamaños, nacieron los primates, nació nuestra familia. Y unos se hicieron gorilas y otros chimpancés y otros australopitecus y otros homo. Y tras diversas especies humanas, nació también la nuestra, el Homo Sapiens, un nombre bastante pretencioso, pero es que somos nosotros los que hemos puesto todos los nombres. Hoy tenemos el cerebro algo más desarrollado que otros primates y los demás animales, pero no volamos como las águilas, ni nos guiamos como las abejas, ni nos entendemos como los delfines.
Somos proteínas, moléculas y átomos. Somos electrones, protones y neutrones, y bosones y fermiones, y leptones y quarks, las partículas más pequeñas hoy por hoy observables. Y somos sobre todo lo que aún no podemos observar, como ese bosón de Higgs tan esquivo que al parecer existe pero que ni el famoso túnel suizo logró atrapar de momento, y algunos lo han llamado “partícula Dios” (como si Dios fuese una partícula del todo y no más bien el Todo en cada parte y el Fondo sin fondo de toda realidad). Somos materia, y que nadie se escandalice, porque la materia es santa, llena de Dios, capaz de dar forma a Dios mismo en todo en forma de belleza y palabra y ternura. Es materia cuanto es en el mundo y todo cuanto vive. Es materia la luna menguante que esta mañana, al amanecer, se iba ocultando entre las ramas y las peñas desnudas, iluminándolas. Es materia la paloma mensajera que soltó Noé por el tragaluz del arca y volvió a ella con un ramito de olivo en el pico. Es materia el arco iris de siete colores, testigo de, -lo hemos leído hoy en la eucaristía-la alianza de Dios que sostiene el mundo Y nosotros mismos somos materia. Hasta nuestros pensamientos y emociones, e incluso nuestra fe, todo es materia, todo son formas brotadas de la materia al igual que la flor del avellano y el canto del mirlo, y es verdad que todas las formas son “más” que los elementos materiales que las forman (como una melodía es más que la suma de unas ondas), pero sólo se forman gracias a los elementos materiales y nada sin ellos, y todos los elementos y todas las formas son forma y sacramento de Dios. Es gozoso sentirse hermano de todos los seres. No sólo hermano en un sentido figurado y abstracto, sino en su sentido palpable y concreto, físico y biológico, material y espiritual. En cuerpo y alma, somos hermanos de todos los seres.
Es gozoso sentirse hermano del chimpancé y el herrerillo, la abeja y el caracol, el romero y la zarza. Nos constituyen las mismas partículas, los mismos átomos, las mismas moléculas, la misma energía que todo lo mueve. Nos hacen ser las mismas células, y el mismo maravilloso instinto que les lleva a dividirse y unirse y subsistir. Somos el mismo misterio de la vida en sus innumerables formas y en su imparable devenir. ¡Que todos los seres sean felices! ¡Paz y bien a todos!
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Para orar. “HIMNO A LA MATERIA” (Teilhard de Chardin)
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“Te saludo, inagotable capacidad de ser y de transformación en donde germina y crece la sustancia elegida.
Te saludo, potencia universal de acercamiento y de unión mediante la cual se entrelaza la muchedumbre de las mónadas y en la que todas convergen en el camino del Espíritu.
Te saludo, fuente armoniosa de las almas, cristal límpido de donde ha surgido la nueva Jerusalén.
Te saludo, medio divino, cargado de poder creador, océano agitado por el Espíritu, arcilla amasada y animada por el Verbo encarnado.
Para llegar hasta ti, Materia, es necesario que partiendo de un contacto universal con todo lo que se mueve aquí abajo, sintamos poco a poco cómo se desvanecen entre nuestras manos las formas particulares de todo lo que cae a nuestro alcance, hasta que nos encontremos frente a la única esencia de todas las consistencias y de todas las uniones.
Tú, Materia, reinas en las serenas alturas en las que los santos se imaginan haberte dejado a un lado; carne tan transparente y tan móvil que ya no te distinguimos de un espíritu.
¡Arrebátanos, oh Materia, allá arriba, mediante el esfuerzo, la separación y la muerte; arrebátanos allí en donde al fin sea posible abrazar castamente al Universo!”
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