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sábado, 5 de mayo de 2012

Vinculados a Jesús daremos buenos frutos.


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solo vinculados a Jesucristo daremos buenos frutos.



            ¿Cuántas veces, hemos cantado: “La piedra que rechazaron los arquitectos, es ahora la piedra angular”? Es fácil cantar, a veces proclamar; más difícil es vincularse, vaciarse de todos nuestros castillos de arena, y bajar a la realidad de nuestras vidas, asumiendo nuestra pobreza y nuestra dependencia de personas, instituciones, cosas, ilusiones, etc. Con el evangelio en la mano, que es nuestro Santo Libro, donde encontramos el tesoro más preciado para los cristianos, la Palabra de Dios, descubrimos que sin la vinculación a Jesucristo no somos nada. Fijémonos bien: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre el labrador” y también “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. Cuando dice “Yo soy la vid”, nos está diciendo Yo soy toda la planta: la cepa, los sarmientos, las hojas y las uvas. Los que hemos vivido, en algún momento, relacionados con las viñas, constatamos que de los sarmientos salen una especie de ganchos que se enredan en otras plantas, como si se adhieran a ellas y que cuesta mucho soltar, a veces es preferible cortar, podar. El Padre, dice Jesús, es el labrador, el viñador, el que tiene la misión de podar nuestros brotes de soberbia, de egoísmo, de rutina, de insolidaridad, de autosuficiencia,… Poda todo aquello que no da fruto, para que no se malgasten energías que pueden dar un fruto bueno, gustoso. Un fruto bueno al paladar porque fabricará un buen vino que alegre la vida de las personas y con ello se dará gloria a Dios.

        Jesús se siente tan vinculado a su planta, a su Iglesia, a nosotros, nos siente tan suyos, tan fruto de su amor al Padre, que afirma:“ sin mí no podéis hacer nada”. Él es el único que puede hacer esta afirmación. Nadie debe intentar, o parecer que lo intenta, asumir ese protagonismo. Él es la Vid, nosotros los sarmientos de esa Vid. La unión de los sarmientos es con Él. Él es quien pone nueva fuerza, libertad, vitalidad y alegría en nuestra vida… Cada “sarmiento”, unido a la Vid, tiene un crecimiento que efectuar y una misión que realizar. 

        El Padre sabe qué hay en cada uno de nosotros que deba ser cortado, eliminado, purificado-quemado. Con su acción realiza los cortes necesarios, con maestría y ternura, para dar energía y oxigenar la vida de la planta, para orientar, para ayudar a crecer y dar fruto. Él trabaja en nosotros/as, haciendo nuestra vida fecunda, sólo con dejarle hacer. 

        Las expresiones de Jesús son: permanecer  y dar fruto. La imagen de la VID y los sarmientos nos muestra ¿qué suponía ser discípulo en la Comunidad de Juan y, por extensión, los cristianos de todos los tiempos: estar unidos a Jesucristo, escuchar su palabra, actualizar y hacer vida sus palabras e implicarse en la realidad que vivimos; esto es, dar fruto.


        Actuar así da gloria al Padre y sentido pleno a nuestra vida, con palabras de Jesús “hacemos lo que nos toca hacer”. Podríamos hacernos una pregunta: ¿En qué noto yo, y notan los otros que estoy unido/a a Jesús?

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sábado, 21 de abril de 2012

La comunidad cristiana.


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LA COMUNIDAD CRISTIANA



En el fragmento del evangelio de este domingo, leemos: “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:”Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto”.



        Con la confianza que el Señor tiene en todos los que formamos la comunidad cristiana, su gente, sus testigos como Él nos llama, nos hemos de poner manos a la obra. Hemos de ser testigos pascuales ante todo el mundo; para nosotros el mundo empieza en Sant Miquel y ha de llegar a toda la Ciudad. Será necesario trabajar juntos y ponernos de acuerdo con todos los otros que también experimentan el ser testigos..

        Un primer punto básico, será, conocer de verdad el sentido de las Escrituras, Jesús resucitado es lo primero que hace con los que van a ser sus testigos. Es muy importante porque no podemos anunciar cualquier cosa, ni de cualquier manera: hemos de anunciar la Resurrección de Jesús y lo que eso supone de beneficio para toda la humanidad.. Un segundo punto es el trabajo coordinado a nivel de toda la Iglesia en Cornellà. El Consell arciprestal puede ser un buen instrumento.



                ¿Como  ser testigos pascuales?



        Un testigo pascual ha de experimentar PAZ, es el mensaje de Jesús en todas las apariciones, dar seguridad y ha de hacer todo lo posible para quitar miedos, ha de ayudar y trabajar para que todos vivan en paz.

        Ha de ser testigo de AMOR concreto y real de FRATERNIDAD, San Juan Crisóstomo, en los primeros siglos de nuestra fe, escribía a los cristianos: “Primero saciad al hambriento, y luego podréis sentaros a la Mesa Pascual.”  La muerte de Jesús “para la salvación de todos” nos lleva a ver al crucificado en todas y cada una de las personas que nos encontramos en el camino de la vida

        El testigo ha de ser BÁLSAMO para todos los heridos de los que él sea consciente, de todos aquellos que se encuentra en el camino. El testigo, a ejemplo de Jesús, ha de ser una persona más de relación que de buscar la seguridad de la casa. Recordemos que Jesús se encuentra a la gente en los caminos, en las plazas, junto a los pozos del agua, en las playas de pecadores, en las casas y, por otra parte, PERDONAR. Ser instrumentos del perdón de Dios a todos.

Ser sensibles a LAS PREOCUPACIONES DEL SEÑOR. Mucho le preocupó al Señor, el abandono a que estaban sometidos los necesitados de todo tipo de atención son, nos dijo, “como ovejas sin pastor”. Nuestra iglesia usa esta llamada para buscar sacerdotes, que también pero no sólo, Jesús nos orienta a todos a ser personas que se conviertan en bálsamo en la vida de esas personas. Es una llamada a todos y cada uno de los miembros de la comunidad.

        Roguemos al Señor y Maestro: “Señor Jesús, haz que te RECONOZCAMOS caminando JUNTOS por los caminos donde transcurre nuestra vida. Que miremos las heridas de los pies, manos y costado y aportemos el bálsamo que necesiten”

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domingo, 15 de abril de 2012

No seáis incrédulos.

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No seáis incrédulos



            Con la Pasión, Muerte y sepultura de Jesús muchos brindaron con sus mejores vinos y sus casas se llenarían de celebraciones y cánticos, mientras que los seguidores de Jesús se encogieron, sintieron preocupación y miedo por sus vidas como nos indican los evangelistas. Todo ello nos hace pensar que su interés por Jesús no era gratuito, como es el amor y el perdón del Padre para todos nosotros, ellos pretendían que Jesús fuera “el restaurador de Israel”. Por eso están con él y sus gestos y palabras, su solidaridad con el pueblo sufriente y su crítica a los colaboracionistas (Herodes) y a todos aquellos que son insensibles al sufrimiento del pueblo y le condenan (Templo), les hace pensar que sus esperanzas están a punto de realizarse.  Con la muerte y entierro de Jesús, sus esperanzas se desvanecieron; así lo expresa Lucas: “Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel“, comentan los discípulos desorientados y desanimados que abandonan Jerusalén y el grupo de discípulos y se vuelven a su casa ante el fracaso de Jesús de Nazaret (Lc 24,21). Podemos decir que las decepciones matan las ilusiones, pero ¿matan también la Esperanza? Si nuestras esperanzas no se cumplen, ¿podemos soñar otro futuro? El biblista Joan Estruch, dice: “Ser optimista es una cosa, tener esperanza es otra cosa”. El optimista cree que la realidad esperada coincidirá con sus deseos; el que tiene esperanza continua haciendo aquello que para él tiene sentido, aunque fracase. Y concluía: “Viendo como va el mundo y la Iglesia, no soy optimista; pero tengo esperanza”. Los discípulos debían saber que el A.T., nos muestra que  el pueblo de Israel había vivido el fracaso de muchas de sus esperanzas a lo largo de los siglos, pero esas decepciones no habían matado la esperanza: el pueblo de Israel, a punto de ser aniquilado una y otra vez, había resurgido de sus cenizas. En cada fracaso hubo personas capaces de mirar de cara los acontecimientos, hacer autocrítica, y buscar nuevos caminos. En la raíz de sus esperanzas latía la esperanza inextinguible de que Dios tiene palabra y que trabaja y cumple: la consecuencia que descubre es que si Dios se ha compro-metido con el Pueblo, el fracaso de la alianza no se perderá por culpa de Dios; será porque el pueblo falla. ¡Si no hemos acertado el camino, cambiemos de camino, escuchemos a Dios!, sería la consecuencia.



         Ante la sensación de fracaso, los discípulos, que posiblemente ignoran o no han reflexionado lo suficiente sobre la historia de su pueblo, dimiten, vuelven a casa, para ellos Jesús ha sido un sueño bonito, pero la realidad es otra.  De nuevo, Jesús, ha de rehacer el grupo, les busca allí donde han ido o donde se reúnen, se les presenta resucitado, dando razón a las Escrituras y pidiéndoles que no sean incrédulos, sino creyentes. Que no pongan el acento en sus ilusiones, sino que abran su corazón a Dios y acepten sus caminos. Eso es la fe. Es lo que movió a Jesús a ser fiel hasta la muerte y muerte en cruz, con la esperanza cierta que si el Padre le había encomendado un misión, a la que se entregó con cuerpo y alma, el Padre se apañaría para que diera fruto. La Resurrección supuso la fe de los discípulos que del fracaso y la decepción pasaron a la alegría y la paz.



         Alegría y paz que les llevó a la misión. Misión que se inicia con la denuncia injusta de la muerte de Jesús y el anuncio de su Resurrección. Mientras empezaba el rechinar de dientes de todos aquellos que habían brindado por la muerte de Jesús, los discípulos llenos de fuerza, por la acción de Espíritu Santo, predican y empiezan a formar una nueva manera de vivir y relacionarse, el Libro de los Hechos de los Apóstoles que iremos leyendo estos domingos de Pascua nos dan pistas y claves para buscar salidas a nuestra realidad actual. Este domingo, encontramos: “En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía…. Ninguno pasaba necesidad, pues los que tenían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno” (Hch 4, 32-35). Aquí tenemos una primera pista en ese camino de hacer comunidad entorno a Cristo Resucitado: conocernos, querernos, ayudarnos a hacer experiencia de resurrección y ayudarnos en nuestras necesidades. Analicemos, cojamos el Evangelio y decidamos. ¡Creamos!

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