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domingo, 5 de junio de 2011

San Lucas y el Espíritu Santo.

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Los diez Rasgos del Espíritu Santo en el evangelio de San Lucas

1. El Espíritu Santo llena a los profetas para que hablen al pueblo en nombre de Dios.
"El ángel dijo: - No temas, Zacarías, tu petición ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo al que pondrás por nombre Juan. Te llenarás de gozo y alegría, y muchos se alegraran de su nacimiento, porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, quedará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre" (Lucas 1, 13-15).
"Zacarías, su padre, se llenó del Espíritu Santo y profetizó" (Lucas 1,41. 67).

2. El Espíritu Santo es sombra protectora, potencia de Dios y fuerza de vida.
"El ángel le contestó a María: - El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios" (Lucas 1, 35).

3. El Espíritu Santo nos hace reconocer la presencia y las acciones de Dios.
"Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo exclamó a grandes voces: Bendita tú entre las mujeres!" (Lucas 1,41).

4. El Espíritu Santo es fuente de esperanza en medio de las dificultades de la vida.
"Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías enviado por el Señor" (Lucas 2, 25-26).

5. El Espíritu Santo es el fuego purificador de Dios.
"Entonces Juan les dijo: -Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de sus sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego" (Lucas 3, 16).

6. El Espíritu Santo llena y conduce al Mesías para que realice su obra liberadora en favor de los pobres.
"Un día cuando se bautizaba mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: -Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco" (Lucas 3, 21).
"Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea, y su fama se extendió por toda la región" (Lucas 4,14).
"El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos" (Lucas 4,18).

7. El Espíritu Santo nos hace superar las pruebas y vencer el mal.
"Jesús regresó del Jordán lleno del Espíritu Santo. El Espíritu lo condujo al desierto, donde el diablo lo puso a prueba durante cuarenta días" (Lucas 4,2).

8. El Espíritu Santo nos da la capacidad de alabar gozosamente a Dios por sus obras maravillosas y sorprendentes.
"En aquel momento, el Espíritu Santo llenó de alegría a Jesús, que dijo: -Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos. Sí, Padre, así te ha parecido bien" ( Lucas 10,21).

9. El Espíritu Santo es el gran Don que el Padre da a los que se lo piden.
"Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuanto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" ( Lucas 11, 13).

10. El Espíritu Santo nos auxilia y nos da palabras de sabiduría en las pruebas y en el momento de la persecución.
"Quien hable mal del Hijo del hombre, podrá ser perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado. Y cuando os lleven a las sinagogas, ante los jueces y autoridades, no os preocupéis cómo defenderse, ni de lo que diréis; el Espíritu Santo os enseñará en ese mismo momento lo que vais a decir" (Lc  12, 11-12)..
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sábado, 4 de junio de 2011

Escuela de Jesús.

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ESCUELA DE JESÚS



            La situación que se vive hoy en nuestras comunidades cristianas no es nada fácil. En nuestro corazón de seguidores de Jesús surgen no pocas preguntas: ¿dónde reafirmar nuestra fe en estos tiempos de crisis religiosa? ¿qué es lo importante en estos momentos? ¿qué hemos de hacer en las comunidades de Jesús? ¿hacia dónde hemos de orientar nuestros esfuerzos?

         Mateo concluye su relato evangélico con una escena de importancia excepcional. Jesús convoca por última vez a sus discípulos para confiarles su misión. Son las últimas palabras que escucharán de Jesús: las que han de orientar su tarea y sostener su fe a lo largo de los siglos.

         Siguiendo las indicaciones de las mujeres, los discípulos se reúnen en Galilea. Allí había comenzado su amistad con Jesús. Allí se habían comprometido a seguirlo colaborando en su proyecto del reino de Dios. Ahora vienen sin saber con qué se pueden encontrar. ¿Volverán a verse con Jesús después de su ejecución?

         El encuentro con el Resucitado no es fácil. Al verlo llegar, los discípulos «se postran» ante él; reconocen en Jesús algo nuevo; quieren creer, pero «algunos vacilan». El grupo se mueve entre la confianza y la tristeza. Lo adoran pero no están libres de dudas e inseguridad. Los cristianos de hoy los entendemos. A nosotros nos sucede lo mismo.

         Lo admirable es que Jesús no les reprocha nada. Los conoce desde que los llamó a seguirlo. Su fe sigue siendo pequeña, pero a pesar de sus dudas y vacilaciones, confía en ellos. Desde esa fe pequeña y frágil anunciarán su mensaje en el mundo entero. Así sabrán acoger y comprender a quienes a lo largo de los siglos vivirán una fe vacilante. Jesús los sostendrá a todos.

         La tarea fundamental que les confía es clara: «hacer discípulos» suyos en todos los pueblos. No les manda propiamente a exponer doctrina, sino a trabajar para que el mundo haya hombres y mujeres que vivan como discípulos y discípulas de Jesús. Seguidores que aprendan a vivir como él. Que lo acojan como Maestro y no dejen nunca de aprender a ser libres, justos, solidarios, constructores de un mundo más humano.

         Mateo entiende la comunidad cristiana como una "escuela de Jesús". Seremos muchos o pocos. Entre nosotros habrá creyentes convencidos y creyentes vacilantes. Cada vez será más difícil atender a todo como quisiéramos. Lo importante será que entre nosotros se pueda aprender a vivir con el estilo de Jesús. El es nuestro único Maestro. Los demás somos todos hermanos que nos ayudamos y animamos mutuamente a ser sus discípulos.

José Antonio Pagola




5 de junio de 2011
Ascensión del Señor (A)
Mateo, 28,16-20




jueves, 26 de mayo de 2011

No estamos huerfanos.

 
 
NO ESTAMOS HUERFANOS



Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria, es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos, quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una experiencia nueva que los envolverá y les hará vivir porque los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama...yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día, sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?



José Antonio Pagola



29 de mayo de 2011
6 Pascua (A)
Juan 14, 15-21




jueves, 19 de mayo de 2011

No os quedéis sin Jesús.



NO OS QUEDÉIS SIN JESÚS



         Al final de la última cena Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la muerte les arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?

         Jesús los ve hundidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios, pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer en Dios.

         Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin estarán de nuevo juntos para siempre!

         A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros nos sucede algo parecido: ¿No es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido realista de siempre, sólo le hace una pregunta: ¿Cómo podemos saber el camino que conduce al misterio de Dios?

         La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en el misterio de un Dios Padre. El nos puede descubrir el secreto último de la existencia. El nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.

         Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado de su vida a Dios de manera consciente. Ni ellos mismos saben si creen o no. Sencillamente, han dejado la Iglesia porque no han encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último de la vida que los creyentes llamamos "Dios".

         Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús. Desde estas modestas líneas, yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No confundáis su Evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.

José Antonio Pagola

                                                                            Domingo V de Pascua   
                                              Jn. 14,1-12   


         

jueves, 12 de mayo de 2011

"LA PUERTA"



Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por un vallado o un pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra precisamente su atención sobre esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.

Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer daño».

La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.

¿Qué secreto se encierra en esa "puerta" que legitima a los verdaderos pastores que pasan por ella y que desenmascara a los extraños que entran «por otra parte», no para cuidar del rebaño sino para hacerle daño? Los fariseos no entienden de qué les está hablando aquel Maestro.

Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le siguen viviendo su evangelio, son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e ignorando su causa, son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.

En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el pueblo de Dios. Las relaciones entre la Jerarquía y el pueblo cristiano se viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que sienten marginados.

Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la Jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda y compleja. Hemos creado una situación muy difícil. Hemos perdido la paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.

Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación, el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si no volvemos todos al espíritu de Jesús. El es "la Puerta".

José Antonio Pagola



15 de mayo de 2011
4 Pascua (A)
Juan 10, 1-10

jueves, 5 de mayo de 2011

Recordar más a Jesús.


 


El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel "desconocido" se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros.



José Antonio Pagola







lunes, 2 de mayo de 2011

La Pascua de todos y todas.




Durante las celebraciones del Triduo Pascual hemos estado muy acompañados, la comunidad se ha reunido para conmemorar aquellos acontecimientos históricos, que han traspasado la historia, en unión, oración, reflexión y amor al Señor y Maestro en los momentos más difíciles que vivió entre nosotros.

La reflexión del Jueves Santo insistía en el difícil momento que vivía Jesús y sus interrogantes sobre el fututo: ¿quién continuará la obra del Reino? ¿Quién confiará en mi y en mi Padre? Ante la sospecha de que los discípulos se dispersaran y vivieran los acontecimientos como fracaso los invitó a una Cena, allí instituyó la Eucaristía y el Orden sacerdotal y a la vez les indicó cómo deberíamos orientar la vida sus seguidores: dispuestos a lavarnos los pies unos a otros y amándonos como Él nos ama.

A lo largo de la historia, hombres y mujeres han respondido positivamente a la llamada de Jesús; y teniéndole a Él como Cabeza del cuerpo, la Iglesia, han seguido sus consejos, sus propuestas, sus llamadas; su fidelidad ha llegado hasta nosotros, en esa Iglesia se nos ha dado la fe, se nos ha cuidado, se nos ha ayudado a crecer como creyentes y ahora nos toca a nosotros mantener encendida la antorcha de la fe para que otros vean y descubran la llamada que el Señor les hace, con nuestra vida, siguiendo su estilo, y nuestras palabras hemos de ayudar a descubrir la dignidad de todo ser humano, el amor que Dios les tiene y la posibilidad que tienen, por los dones concedidos, de construir un mundo más de acuerdo con el deseo de Dios y la felicidad del ser humano.



En nuestra parroquia vamos a reflexionar, con la posibilidad de actuar, en las siguientes cosas, unas son más sencillas y otras un poco más complicadas, pero si esta necesidad se siente, es que el Señor llama y la llamada es general, que no sea el miedo, la comodidad, ni la huida las que imposibiliten que se hagan realidad:



1ª. Cosa: Crear un grupo de personas dispuestas a cantar y animar las celebraciones, si es posible, a la larga, que sea una coral, mientras se iniciará con canciones de misa. Día: los miércoles de 6,30 a 7,30 de la tarde.

2ª. Cosa: Durante muchos años la parroquia ha estado sostenida por personas fieles, ahora se han hecho mayores y sus sitios en los bancos van quedando vacíos, de muchas no sabemos donde viven: Nuestra intención es recoger datos: nombre, dirección, teléfono, el nombre y teléfono de algún familiar. Así si las encontramos a faltar, ponernos en contacto con ellas. Esto lo haremos a partir del próximo domingo.

3ª. Cosa: En las residencias de ancianos, se echan en falta las visitas. Caritas Cornellà se ha puesto en contacto con las diversas residencias de la Ciutat y en todas se ha acogido bien la propuesta de que voluntarios de las parroquias visiten a los internos. Los interesados se pueden apuntar y los Asistentes Sociales de Caritas les indicarán cómo y dónde.

4ª. Cosa: Cáritas constata que hay bastantes personas en edad de trabajar que viven en la calle y no pueden ducharse, ni cambiarse de ropa, sucios es difícil que puedan presentarse a algún sitio para pedir trabajo y nos ha pedido que posibilitemos el aseo personal, el cambio de ropa y un buen almuerzo por la mañana. En eso estamos trabajando: necesitamos un local adecuado, hay una familia de la comunidad que posiblemente nos los ceda y después de adecuar el local, necesitaremos voluntarios para buscar alimentos, para atender a las personas y buscar la ropa…En todo ello estamos trabajando para ver si es posible realizarlo.

Este será nuestro trabajo durante toda la Pascua. ¡Ayudadnos!

viernes, 29 de abril de 2011

El que Vive da Vida.

El Que Vive da Vida




Escrito por: Juan Masiá Clavel [blogger] el 21 Abr 2011 - URL Permanente

MEMENTOS DE MUERTE Y ÁLBUM DE RESURRECCIÓN

Fotos familiares

“Por un memento cualquiera”. subtitulaba el diario Japan Times (Abril, 17) las fotos del reportaje con imágenes de supervivientes del terremoto. Rescatadores, voluntariado y personal de servicios públicos trabajaron cuidadosamente al desescombrar: no querían tirar como basura restos con huellas hogareñas. En el suelo de un gimnasio en Natori, provincia de Miyagi en Japón noreste, se alinean cientos de cajas con miles de fotos y objetos personales recuperados tras la catástrofe. Otros miles de fotografías cuelgan en tendederos improvisados en el mismo local. Una niña huérfana, un hombre viudo o una anciana sin familia recorren con su mirada la exposición a la espera de un recuerdo casero.

La mayoría de estos retratos no serán reclamados por nadie, desaparecidas las familias que los recordarían. Una investigación paciente en computadoras policiales o de registros civiles podrá deducir sus identidades, pero esa memoria externa no reproducirá jamás el recuerdo interno de las personas para las que esas escenas fueron vida cotidiana, lazo íntimo y calor familiar. Las computadoras tienen memoria; las personas, recuerdos: vivimos con y de evocaciones de raíces de vida...

La Biblia, álbum familiar

Se pueden hacer estudios filológicos, histórico-críticos y literarios sobre los textos bíblicos sin necesidad de que quien investiga sea creyente. Pero una lectura creyente, además de tener en cuenta esos estudios y servirse de ellos para enriquecer el estudio de la Biblia “desde fuera”, se pone a la escucha del texto “desde dentro”: desde el seno de una comunidad de interpretación animada por el Espíritu. Con fe en “El que vive y da vida”, recuerdan, transmiten y reinterpretan “Su Palabra”. A la familia reunida, que comenta el álbum de fotos recreando sus escenas, se le convierten “los recuerdos de esperanzas en esperanzas de recuerdos”, como diría Unamuno.

“El Que Vive” da vida: diez instantáneas evangélicas de resurrección

Instantánea 1: Ángeles y Marías

Dos Marías tiemblan ante una tumba entreabierta por terremoto (Mt 28, 1-8), Temen mirar dentro. Voz angélica las calma: “Éste no es el sitio de buscarle. Entró en la Vida y no está aquí. Id al lugar donde os espera, en la Galilea de vuestro día a día”.

Instantánea 2: Irrupción de “El Que Vive” en mitad del camino

Corrían las chicas entusiasmadas camino de la plaza vaticana de san Pedro, mejor dicho, de Jerusalén. Les corta el paso “El Que Vive” y les cambia la hoja de ruta en dirección opuesta, hacia Galilea: “Muchachas, a la rotonda y cambio de carril, rumbo a Galilea: la Galilea de los de fuera, las otras y los otros de otras fronteras; Galilea de naciones, Galilea de libertades, Galilea de injusticiados y empobrecidas, Galilea de hombres y mujeres con derecho a vivir como personas... Y, de paso, decid a mis amigos -Pedro, Santiago, Juan y compañía- que no se dejen engañar por el navegador multinacional, que descuelguen el Marcos o el de Mateo para no extraviarse” (Mt 28, 9’10).

Instantánea 3: En la Curia, firman un cheque

En las pantallas de vigilancia del servicio de seguridad registraron la conversación de “El Que Vive” con las mujeres. Porque las tenían muy fichadas. “Pobres, mujeres y encima embaucadas por el Jesús ese de las Redes con el cuento de la liberación”, decía el comandante,“no se las puede dejar solas”. Pero al oficial que detectó la imagen le remordía la conciencia. Marcó el número rojo del Secretario de Estado: “Señor, le paso en PDF la grabación, he comprobado que no es montaje, Él está vivo, ha hablado con las mujeres y dirige la operación “Libertad de espíritu”... Hay que convocar gabinete de crisis”. Le contestó un e-mail purpúreo a vuelta de correo: “Silencio, Giuseppe, silencio. Si esto se hace público y sale en El País, nos va a salir peor que lo de Maciel. P.D.: Por correo interno te mando el sobre sellado con el cheque para que selles tus labios”. (Mt 27, 62-66).

Instantánea 4: Toda, todo, todas y todos: en griego, pas, pasa, pan

En las oficinas de la brigada científica analizaron el mensaje cifrado de Mateo. (Mt 28, 16-20). “No hay duda, el código está en griego: el adjetivo pas, pasa, pan, que se traduce como “todo”, se repite cuatro veces.” Descifrado: A este Jesús se la dado “toda potestad” (pasa exusía) para liberar; dirige la operación liberadora “Monte de la Ascensión”. Ha lanzado un mensaje para “todos los pueblos” (panta ta ethne) y no excluye ni a uno de los en vías de desarrollo; su programa incluye toda su doctrina (panta osa eneteleinámen), sin excluir ninguna de las ocho bienaventuranzas revolucionarias; y garantiza ponerse él mismo en persona al mando de la operación “todos los días” (pasas tas hemeras) hasta la consumación de los siglos”. Descifrado el mensaje, lo enviaron por urgente a la Casa Blanca y a la Secretaría de Estado vaticana, con un letrero rojo que decía: “Top secret, interés común de secreto en ambas oficinas para ocultar la operación Ascensión”. (Mt 28, 11-15).

Instantánea 5: De uniforme blanco anti-radiaciones

La réplica del terremoto hizo caer por tierra a las tres chicas. Salomé palideció y María quiso gritar, pero se ahogaba. Malena, en cambió, sonreía, diciendo para sus adentros: “La que has liado esta vez, Jesús, eres único...” La losa de la tumba se había partido en dos. El chico con rostro de ángel, uniformado de blanco con impermeable anti-nuclear, medía con el contador Geiger el nivel de radiación. “¿Qué habrían metido en esa sepultura? Despide más miles de milisivertes que los tolerados por ningún gobierno del mundo en sus centrales nucleares. No se acerquen, que es peligroso”. Pero Malena le interrumpió sonriente: “No hay miedo, chico. Si nosotras estamos ya contagiadas de resurrección. Ahora hay que contagiar al mundo entero con esas radiaciones. Y mientras Salomé y María salían huyendo poseídas de estupor, Malena se acercó al ángel y le dio un beso de vida de parte del Viviente, para que le perdiera el miedo a las radiaciones de “El Que Vive y da vida”. (Mc 16, 1-8).

Instantánea 6: Visible e invisible, el del turbante

Por el camino de Emaús: Juan, Cleofás y Malena se encuentran con el del turbante que les anima. Paran bajo la higuera a merendar. Mientras Malena parte el pan y reparte el vino, su rostro y el del peregrino se confunden en la foto, montaje inesperado, y el del turbante se hace invisible. A Cleofás y Juan se les abren los ojos: “¡Era El Que Vive! Corramos a contarlo. Se le encuentra en el Camino, en la Palabra y...cuando ellas parten el pan... (Lc 24, 13-35).

Instantánea 7: Un beso al alba

La madrugada del Domingo el Rabbuní se presenta radiante, llamando por su nombre a una creyente enamorada para darle un recado importante: “María, dile a mis amigos y amigas que yo no era ateo ni blasfemo, como creyó el Sanedrín, que vine para que todos y todas tengan vida en abundancia, que vivía en el Espíritu, movido por el Espíritu y que ahora vivo en el seno de Abba, Fuente Viva de la vida. Diles que os espero en la Vida”. Y un beso interminable de vida la dejó extasiada en brazos de El Que Vive. Así fue como empezó aquella mañana esta comunidad de amigas y amigos de El Que Vive, que veinte siglos después siguen enredadas y enredados en las redes del amor y la vida...”(Jn 20, 11-18).

Instantánea 8: El móvil de Tomás es un petardo

Tomás no se fía ni de su sombra, hasta cuando compra el periódico pide un recibo. “Eso de que Él vive os lo habéis inventado”. Pero al oir Su voz quedó perplejo.(Digo Su voz porque, según los cuatro registros de la buena noticia -Marcos, Mateo, Lucas y Juan-, al que vive no se le ve, sino se le escucha con fe para que se abran los ojos del corazón,...). Y El Que Vive dijo: “Mete tus manos en mis llagas” ( (Jn 20, 24-29). Tomás palpó solamente con la izquierda, mientras con la derecha empuñaba el móvil para fotografiar la prueba. Sorpresa la suya al volver a su aposento y conectar la computadora. Ni en pantalla ni en impresión aparece el Resucitado en la foto, solamente la mano de Tomás tratando de tocar lo invisible. “Este teléfono es un petardo o este ordenador está anticuado”, protestó. Y tuvo que explicárselo Juan. “El cuerpo glorioso del Resucitado no sale en las fotos. Su presencia es real, no física. No se le encuentra en pruebas, ni en el retorno al pasado o en la vuelta a esta vida terrena. El Que Vive para siempre ha entrado en la Vida Definitiva de Abba. Se le encuentra en la comunidad, donde se reunen por su Espíritu dos o tres en su nombre para el auténtico culto en Espíritu y Verdad, en el Espíritu que animaba a Jesús y en la Verdad que es el mismo Jesús en persona; se le encuentra trabajando siempre en la obra liberadora de Abba (Jn 4, 34: su obra, su opus, su ergon)”.

Instantánea 9. Boquerones de almuerzo en Tiberíades

Pedro, en calzoncillos, se esforzaba tirando de una red a punto de romperse. “Toda la noche sin pescar uno solo y ahora, de pronto, no damos abasto. ¿Qué te parece Juan?” “Ya te lo dije, Pedro, que por la derecha no se pesca nada. Hay que echar la red por la izquierda, que es por donde actúa el espíritu del Maestro”. “Vaya, Juan, tú siempre de progresía irónica, les va a entrar pelusilla a los blogueros talibancillos y a las cigüeñas desnortadas...”. A todo esto, la barca atracó y en la playa les esperaba arremangado El Que Vive, ofreciéndoles boquerones asados a la brasa. “Ya sabéis, chicos, a la hora de la verdad lo que cuenta es vivir y dar vida, venga, demos gracias por la vida y a degustar los boquerones”. (Jn 21, 1-14).

Instantánea 10: El Papa Pedro se confiesa

Mientras Felipe y compañeros atacan los boquerones y los riegan con un vinillo, El Que Vive toma aparte a Pedro, mientras Juan a distancia mira de reojo. “Así que, tú Pedro, me quieres, ¿verdad?” (Jn21, 15-23) “Sí Maestro, pero... es que con esto de ser Papa me has metido en un lío.” “No, Perico, muy sencillo. Funciona en colegialidad con Malena, que es más joven que tú. Y luego que te sustituya ella. Van a ser muy distintos los próximos siglos de historia de nuestro movimiento de pescar gente para la vida, si estas chicas se hacen cargo de la dirección”. “Pero , Maestro, si perdemos el poder, la barca se hunde, no se puede dejar el timón en manos de mujeres”. “Hombre de poca fe, aprende de Juan Marcos, mira qué bien deja escrito en su diario evangélico lo que os dije para que no se olvide: que entre vosotros no sea así, que no busquéis el poder” (Mc 10, 41-45). “Ya. Maestro, pero es que aunque yo sea Papa, ese Juan que nos está mirando desde allí tiene mucho peso entre los doce y dice unas cosas un poco peligrosas, que luego las difunde en sus meditaciones Martini”. “No, Pedro, no, tú deja que Juan sea Juan y Malena sea Malena, aprende de mí que abrazo con amor lo mismo a jesuitas que a opusianos, como con fariseos y publicanos, parto y reparto pan y vino, comparto con neocons y progres, con tal de que todos y todas amen, perdonen y pacifiquen. Olvídate de cotillear cómo es Juan o cómo es Santiago. Tú sígueme y que mi movimiento de las redes siga adelante. Llegará un día en que otro te ceñirá y pasarás el mal trago que yo pasé, pero por ahí se entra en la Vida y ahí te esperaré. Entretanto confirma a tus hermanos y hermanas en la esperanza, dales ánimo y alegría: y en cuanto al resto, incluidos dogmas y excomunioness, mitras, tiaras y capas pluviales… mejor que te desentiendas”.


























































Nuevo inicio.



NUEVO INICIO



Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?

Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?

El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.

Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre encomendó a Jesús.

Lo que necesita hoy la Iglesia no es sólo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un "nuevo inicio" a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Sólo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Sólo él puede impulsar la comunión. Sólo él puede renovar nuestros corazones.

No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.

José Antonio Pagola



Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la paz del Resucitado. Pásalo. 1 de mayo de 2011

2 Pascua (A)
Juan 20, 19-31





Mirando por el hueco.



Mirando por el hueco

II Domingo de Pascua





Hechos 2, 42-27: “Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común”

Salmo 117: “La misericordia del Señor es eterna. Aleluya”

I San Pedro: “La resurrección de Cristo nos da la esperanza de una vida nueva”

San Juan 20, 19-31: “Ocho días después se les apareció Jesús”



¡Un Cristo resucitado!



J.M. Subirachs, el reconocido escultor que ha enriquecido con su arte religioso la Sagrada Familia de Barcelona, tiene una obra de Jesús Resucitado que se encuentra el Monasterio de Montserrat. La obra es una larga lápida, con la ausencia de cuerpo, donde aparecen el rostro, los pies, las manos y el costado, todos con las señales de las heridas, pero con la iluminación de la resurrección. Es su “Cristo Resucitado” que a muchos llena de esperanza y de fe, y que a otros los deja un poco desconcertados al no contemplar un cuerpo glorioso y percibir solamente las extremidades y el costado herido. Ensalzado por unos y criticado por otros, Subirachs ha inspirado toda la polémica que podría crear un artista contemporáneo sobre todo con su paradoja visual de las imágenes en negativo. No sé si a propósito de esta obra, pero seguro sí por estas señales, Subirachs afirmaba en una entrevista: “Hay demasiadas señales como para no creer y dejar de ser agnóstico”.



Mis dudas



Tomás encajaría perfectamente en nuestro mundo: su desparpajo para negar lo que todos están viviendo, sus dudas y su exigencia de pruebas, son características propias de un mundo moderno donde no creemos más que aquello que experimentamos, que tocamos y que probamos personalmente. Este segundo domingo de Pascua parece a propósito para convencernos de que hay señales objetivas de la resurrección de Jesús tanto las ofrecidas por Él mismo a sus apóstoles, como las pruebas vivas que presenta la primitiva comunidad en los Hechos de los Apóstoles. Si por un lado Jesús presenta los argumentos irrefutables de un cuerpo desgarrado, amoroso, entregado por amor a los hermanos, por otro lado la comunidad ofrece las consecuencias claras de ese amor: una palabra que se hace vida constantemente, el amor expresado en el partir y compartir lo que se tiene, una oración que al mismo tiempo eleva y compromete, y una Eucaristía que es expresión de la más grande unión con el Resucitado y con los hermanos. Signos de vida evidentes frente a los que no se tiene más opción que expresar como Santo Tomás: “¡Señor mío, Dios mío!”. El evangelio de este día nos presenta un drástico cambio a partir de la Resurrección de Jesús. Si inicia nuestro pasaje presentándonos una comunidad entrando en las penumbras de un anochecer, con las puertas cerradas a piedra y lodo, con el miedo aflorando en sus rostros y con un temor angustioso a las autoridades judías, pero poco a poco se va dando paso a la esperanza y disipando las tinieblas, hasta terminar con la presentación de los discípulos arrebatados por el soplo del Espíritu para constituirse testigos de Jesús e invitando a “que ustedes crean que Jesús es el Mesías, y para que creyendo, tengan vida en su nombre”



Una fe que dinamiza



Nuestra fe aparece con frecuencia demasiado convencional y vacía, como si solamente siguiéramos tradiciones y costumbres religiosas, formalismos externos que fácilmente se desprenden cuando se enfrentan a un cuestionamiento serio. Cristianos de nombre, de papel y aburridos. Pero para los primeros cristianos el encuentro con el Resucitado fue un vendaval que los sacudió en su interior y una experiencia que trastocó toda su vida, sus costumbres y sus creencias. De los tonos oscuros que amenazaban con terminar con aquella comunidad adormecida y asustada, replegada en sí misma y sin horizontes, se pasa a la explosión radiante de luces y esperanzas fincadas en la victoria de quien ha dado la vida por nosotros y que al final ha vencido a la muerte. El encuentro con Jesús vivo y resucitado transforma a sus discípulos en personas nuevas, reanimadas, llenas de alegría y de paz. Al liberarlos del miedo y la cobardía, les abre nuevos horizontes y los impulsa a proclamar la Buena Nueva y dar testimonio, a todo el que lo quiera escuchar, del Cristo vivo y resucitado. Pareciera que el soplo de Jesús sobre ellos y sus palabras: “Reciban al Espíritu Santo”, producen un doble movimiento que es fuerza en su corazón y que es impulso que los arrebata para manifestarse hacia los hermanos. Como si creara una corriente interior que los une hasta sentirse con un solo corazón y con una sola alma, pero que no les permite permanecer encerrados en sí mismos sino que los empuja a manifestar y transmitir esta nueva vida a los hermanos. Tan poderosa es la experiencia de la resurrección que quien la cree y la experimenta se compromete en una vida más humana, más plena y más feliz.



Mirando por el hueco



Las señales ofrecidas por Jesús a Tomás, y maravillosamente presentadas por Subirachs, nos hacen comprender que los clavos en los pies y en las manos y la herida del costado, son signo de su amor y de su sufrimiento en su entrega por los otros y al mismo tiempo, huellas de su presencia en medio de nosotros. No se puede experimentar a Jesús resucitado si no es a través de las llagas que ha dejado en su cuerpo la marginación, el dolor y el sufrimiento de los pequeños y excluidos, de los denigrados e ignorados, de los desposeídos y sobreexplotados. ¿Cómo se mira el mundo a través del hueco de las heridas de Jesús? Intentemos mirarlo y descubriremos, sorprendentemente, que es imposible ocultar o disfrazar la miseria y el dolor de la humanidad pues aparecen nítidamente, pero percibidos con amor, con esperanza y con una entrega plena. No se puede mirar a través del hueco de sus llagas con egoísmo e indiferencia, pero tampoco con rencores y venganzas. Mirar a través de las llagas de Jesús es mirar con la certeza de que este mundo tiene el sentido que le da el inconmensurable amor de Jesús; es mirar con la esperanza de que su resurrección sigue obrando en medio de nosotros; y es vivir con el dinamismo de la nueva vida que su sangre derramada, sigue haciendo brotar. Este es el centro de la experiencia pascual: el encuentro con Alguien vivo, capaz de liberarnos del fatalismo y la negación, y de abrirnos un camino nuevo hacia la paz, la paz verdadera. Mirar a través de las llagas de Jesús es sumergirnos en su Pascua: muerte y resurrección.



Las señales hoy



Las primeras comunidades han intuido todo lo que significa la resurrección de su Señor y por eso son capaces de iniciar un tiempo nuevo, con el domingo como día del Señor, con la escucha y reflexión de la palabra, con una mesa puesta a disposición de todos, donde el que necesita puede tomar, donde al que le sobra puede aportar, para hacer la mesa común. No se manifestará la resurrección de Jesús en medio de nosotros si no pasa por el compartir. La Eucaristía, el Cordero hecho pan para dar vida, se hace evidente cuando “nadie pasa necesidad”, cuando nadie es excluido y cuando la Palabra se comparte. Contemplemos hoy las llagas de Jesús que gritan resurrección, contemplemos también las señales de las primeras comunidades que tenían un solo corazón y una sola alma, y que se reunían diariamente en el templo y en las casas, compartían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. ¿Qué señales estamos dando nosotros de resurrección? ¿Hacía a dónde nos lleva nuestra experiencia de Jesús vivo? ¿Dónde descubrimos y mostramos las llagas gloriosas? ¿Cómo es nuestra vida en comunidad y qué tan dispuestos estamos a compartir?





Señor mío y Dios mío, que pueda descubrirte en las llagas y heridas de mis hermanos para que, amándolos y compartiendo con ellos, pueda encontrar la verdadera paz que tú me ofreces. Amén