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sábado, 17 de diciembre de 2011

Con alegría y confianza.

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CON ALEGRÍA Y CONFIANZA



            El concilio Vaticano II presenta a María, Madre de Jesucristo, como "prototipo y modelo para la Iglesia", y la describe como mujer humilde que escucha a Dios con confianza y alegría. Desde esa misma actitud hemos de escuchar a Dios en la Iglesia actual.

        «Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también hoy. Entre nosotros falta alegría. Con frecuencia nos dejamos contagiar por la tristeza de una Iglesia envejecida y gastada. ¿Ya no es Jesús Buena Noticia? ¿No sentimos la alegría de ser sus seguidores? Cuando falta la alegría, la fe pierde frescura, la cordialidad desaparece, la amistad entre los creyentes se enfría. Todo se hace más difícil. Es urgente despertar la alegría en nuestras comunidades y recuperar la paz que Jesús nos ha dejado en herencia.

        «El Señor está contigo». No es fácil la alegría en la Iglesia de nuestros días. Sólo puede nacer de la confianza en Dios. No estamos huérfanos. Vivimos invocando cada día a un Dios Padre que nos acompaña, nos defiende y busca siempre el bien de todo ser humano.

        Esta Iglesia, a veces tan desconcertada y perdida, que no acierta a volver al Evangelio, no está sola. Jesús, el Buen Pastor, nos está buscando. Su Espíritu nos está atrayendo. Contamos con su aliento y comprensión. Jesús no nos ha abandonado. Con él todo es posible.

        «No temas». Son muchos los miedos que nos paralizan a los seguidores de Jesús. Miedo al mundo moderno y a la secularización. Miedo a un futuro incierto. Miedo a nuestra debilidad. Miedo a la conversión al Evangelio. El miedo nos está haciendo mucho daño. Nos impide caminar hacia el futuro con esperanza. Nos encierra en la conservación estéril del pasado. Crecen nuestros fantasmas. Desaparece el realismo sano y la sensatez cristiana. Es urgente construir una Iglesia de la confianza. La fortaleza de Dios no se revela en una Iglesia poderosa sino humilde.

        «Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús». También a nosotros, como a María, se nos confía una misión: contribuir a poner luz en medio de la noche. No estamos llamados a juzgar al mundo sino a sembrar esperanza. Nuestra tarea no es apagar la mecha que se extingue sino encender la fe que, en no pocos, está queriendo brotar: Dios es una pregunta que humaniza.

        Desde nuestras comunidades, cada vez más pequeñas y humildes, podemos ser levadura de un mundo más sano y fraterno. Estamos en buenas manos. Dios no está en crisis. Somos nosotros los que no nos atrevemos a seguir a Jesús con alegría y confianza.

José Antonio Pagola




18 de diciembre de 2011
 4 de Adviento(B)
Lucas 1, 26-38.
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sábado, 12 de noviembre de 2011

Miedo al riesgo.

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MIEDO AL RIESGO



            La parábola de los talentos es muy conocida entre los cristianos. Según el relato, antes de salir de viaje, un señor confía la gestión de sus bienes a tres empleados. A uno le deja cinco talentos, a otro dos y a un tercero un talento: «a cada cual según su capacidad». De todos espera una respuesta digna.

        Los dos primeros se ponen «enseguida» a negociar con sus talentos. Se les ve trabajar con decisión, identificados con el proyecto de su señor. No temen correr riesgos. Cuando llega el señor le entregan con orgullo los frutos: han logrado duplicar los talentos recibidos.

        La reacción del tercer empleado es extraña. Lo único que se le ocurre es «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando vuelve su señor, se justifica con estas palabras: «Señor, sabía que eras exigente y siegas donde no siembras... Por eso, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor lo condena como empleado «negligente».

        En realidad, la raíz de su comportamiento es más profunda. Este empleado tiene una imagen falsa del señor. Lo imagina egoísta, injusto y arbitrario. Es exigente y no admite errores. No se puede uno fiar. Lo mejor es defenderse de él.

        Esta idea mezquina de su señor lo paraliza. No se atreve a correr riesgo alguno. El miedo lo tiene bloqueado. No es libre para responder de manera creativa a la responsabilidad que se le ha confiado. Lo más seguro es «conservar» el talento. Con eso basta.

        Probablemente, los cristianos de las primeras generaciones captaban mejor que nosotros la fuerza interpeladora de la parábola. Jesús ha dejado en nuestras manos el Proyecto del Padre de hacer un mundo más justo y humano. Nos ha dejado en herencia el mandato del amor. Nos ha confiado la gran Noticia de un Dios amigo del ser humano. ¿Cómo estamos respondiendo hoy los seguidores de Jesús?

        Cuando no se vive la fe cristiana desde la confianza sino desde el miedo, todo se desvirtúa. La fe se conserva pero no se contagia. La religión se convierte en deber. El evangelio es sustituido por la observancia. La celebración queda dominada por la preocupación ritual.     

         Sería un error presentarnos un día ante el Señor con la actitud del tercer empleado: "Aquí tienes lo tuyo. Aquí está tu Evangelio, aquí está el proyecto de tu reino y tu mensaje de amor a los que sufren. Lo hemos conservado fielmente. Lo hemos predicado correctamente. No ha servido mucho para transformar nuestra vida. Tampoco para abrir caminos de justicia a tu reino. Pero aquí lo tienes intacto".



José Antonio Pagola




13 de noviembre de 2011
33 Tiempo ordinario (A)
Mateo 25,14-30
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viernes, 4 de noviembre de 2011

Solemnidad de todos los santos.

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SOLEMNIDAD  DE TODOS  LOS SANTOS






Todos experimentamos que la vida está sembrada de problemas y conflictos que en cualquier momento nos pueden hacer sufrir. Pero, a pesar de todo, podemos decir que la «felicidad interior» es uno de los mejores indicadores para saber si una persona está acertando en el difícil arte de vivir. Se podría incluso afirmar que la verdadera felicidad no es sino la vida misma cuando está siendo vivida con acierto plenitud.

Nuestro problema consiste en que la sociedad actual nos programa para buscar la felicidad por caminos equivocados que casi inevitablemente nos conducirán a vivir de manera desdichada.

Una de las instrucciones erróneas dice así: «Si no tienes éxito, no vales». Para conseguir la aprobación de los demás e, incluso, la propia estima hay que triunfar.

La persona así programada difícilmente será dichosa. Necesitará tener éxito en todas sus pequeñas o grandes empresas. Cuando fracase en algo, sufrirá de manera indebida. Fácilmente crecerá su agresividad contra la sociedad y contra la misma vida.

Esa persona quedará, en gran parte, incapacitada para descubrir que ella vale por sí misma, por lo que es, aun antes de que se le añadan éxitos o logros personales.

La segunda equivocación es ésta: «Si quieres tener éxito, has de valer más que los demás». Hay que ser siempre más que los otros, sobresalir, dominar.

La persona así programada está llamada a sufrir. Vivirá siempre envidiando a los que han logrado más éxito, los que tienen mejor nivel de vida, los de posición más brillante.

En su corazón crecerá fácilmente la insatisfacción, la envidia oculta, el resentimiento. No sabrá disfrutar de lo que es y de lo que tiene. Vivirá siempre mirando de reojo a los demás. Así, difícilmente se puede ser feliz.

Otra consigna equivocada: «Si no respondes a las expectativas, no puedes ser feliz». Has de responder a lo que espera de ti la sociedad, ajustarte a los esquemas. Si no entras por donde van todos, puedes perderte.

La persona así programada se estropea casi inevitablemente. Termina por no conocerse a sí misma ni vivir su propia vida. Sólo busca lo que buscan todos, aunque no sepa exactamente por qué ni para qué.

Las Bienaventuranzas nos invitan a preguntarnos si tenemos la vida bien planteada o no, y nos urgen a eliminar programaciones equivocadas. ¿Qué sucedería en mi vida si yo acertara a vivir con un corazón más sencillo, sin tanto afán de posesión, con más limpieza interior, más atento a los que sufren, con una confianza grande en un Dios que me ama de manera incondicional? Por ahí va el programa de vida que nos trazan las Bienaventuranzas de Jesús.






Nadie sabemos dar una respuesta demasiado clara cuando se nos pregunta por la felicidad. ¿Qué es de verdad la felicidad? ¿En qué consiste realmente? ¿Cómo alcanzarla? ¿Por qué caminos?

Ciertamente no es fácil acertar a ser feliz. No se logra la felicidad de cualquier manera. No basta conseguir lo que uno andaba buscando. No es suficiente satisfacer los deseos. Cuando uno ha conseguido lo que quería, descubre que está de nuevo buscando ser feliz.

También es claro que la felicidad no se puede comprar. No se la puede adquirir en ninguna planta de ningún gran almacén, como tampoco la alegría, la amistad o la ternura. Con dinero sólo podemos comprar apariencia de felicidad.

Por eso, hay tantas personas tristes en nuestras calles. La felicidad ha sido sustituida por el placer, la comodidad y el bienestar. Pero nadie sabe cómo devolverle al hombre de hoy el gozo, la libertad, la experiencia de plenitud.

Nosotros tenemos nuestras «bienaventuranzas». Suenan así: Dichosos los que tienen una buena cuenta corriente, los que se pueden comprar el último modelo, los que siempre triunfan, a costa de lo que sea, los que son aplaudidos, los que disfrutan de la vida sin escrúpulos, los que se desentienden de los problemas...

Jesús ha puesto nuestra «felicidad» cabeza abajo. Ha dado un vuelco total a nuestra manera de entender la vida y nos ha descubierto que estamos corriendo «en dirección contraria».

Hay otro camino verdadero para ser feliz, que a nosotros nos parece falso e increíble. La verdadera felicidad es algo que uno se la encuentra de paso, como fruto de un seguimiento sencillo y fiel a Jesús.

¿En qué creer? ¿En las bienaventuranzas de Jesús o en los reclamos de felicidad de nuestra sociedad?

Tenemos que elegir entre estos dos caminos. O bien, tratar de asegurar nuestra pequeña felicidad y sufrir lo menos posible, sin amar, sin tener piedad de nadie, sin compartir... O bien, amar... buscar la justicia, estar cerca del que sufre y aceptar el sufrimiento que sea necesario, creyendo en una felicidad más profunda.

Uno se va haciendo creyente cuando va descubriendo prácticamente que el hombre es más feliz cuando ama, incluso sufriendo, que cuando no ama y por lo tanto no sufre por ello.

Es una equivocación pensar que el cristiano está llamado a vivir fastidiándose más que los demás, de manera más infeliz que los otros. Ser cristiano, por el contrario, es buscar la verdadera felicidad por el camino señalado por Jesús. Una felicidad que comienza aquí, aunque alcanza su plenitud en el encuentro final con Dios.



José Antonio Pagola

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sábado, 8 de octubre de 2011

Invitación.

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INVITACIÓN



         A través de sus parábolas Jesús va descubriendo a sus seguidores cómo experimenta a Dios, cómo interpreta la vida desde sus raíces más profundas y cómo responde a los enigmas más recónditos de la condición humana.

        Quien entra en contacto vivo con sus parábolas comienza a cambiar. Algo "sucede" en nosotros. Dios no es como lo imaginamos. La vida es más grande y misteriosa que nuestra rutina convencional de cada día. Es posible vivir con un horizonte nuevo. Escuchemos el punto de partida de la parábola llamada «Invitación al Banquete».

        Según el relato, Dios está preparando una fiesta final para todos sus hijos e hijas, pues a todos quiere ver sentados junto a él, en torno a una misma mesa, disfrutando para siempre de una vida plena. Esta imagen es una de las más queridas por Jesús para sugerir el final último de la historia humana.

        Frente a tantas imágenes mezquinas de un Dios controlador y justiciero que impide a no pocos saborear la fe y disfrutar de la vida, Jesús introduce en el mundo la experiencia de un Dios que nos está invitando a compartir con él una fiesta fraterna en la que culminará lo mejor de nuestros esfuerzos, anhelos y aspiraciones.

        Jesús dedica su vida entera a difundir la gran invitación de Dios: «El banquete está preparado. Venid». Este mensaje configura su modo de anunciar a Dios. Jesús no predica doctrina, despierta el deseo de Dios. No impone ni presiona. Invita y llama. Libera de miedos y enciende la confianza en Dios. En su nombre, acoge a su mesa a pecadores e indeseables. A todos ha de llegar su invitación.

        Los hombres y mujeres de hoy necesitan descubrir el Misterio de Dios como Buena Noticia. Los cristianos hemos de aprender a hablar de él con un lenguaje más inspirado en Jesús, para deshacer malentendidos, aclarar prejuicios y eliminar miedos introducidos por un discurso religioso lamentable que ha alejado a muchos de ese Dios que nos está esperando con todo preparado para la fiesta final.

        En estos tiempos en los que el descrédito de la religión está impidiendo a muchos escuchar la invitación de Dios, hemos de hablar de su Misterio de Amor con humildad y con respeto a todos, sin forzar las conciencias, sin ahogar la vida, despertando el deseo de verdad y de luz que sigue vivo en lo más íntimo del ser humano.

        Es cierto que la llamada religiosa encuentra hoy el rechazo de muchos, pero la invitación de Dios no se ha apagado. La pueden escuchar todos los que en el fondo de sus conciencias escuchan la llamada del bien, del amor y de la justicia.



José Antonio Pagola




9 de octubre de 2011
28 Tiempo ordinario (A)
Mateo 22, 1-14
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viernes, 10 de junio de 2011

Espíritu Santo.



Oración al Espíritu Santo

Estamos en Pentecostés, quiere decir que Cristo ha marchado junto al Padre, al lugar que ocupó desde siempre y que, para nuestro bien, dejó durante un tiempo, para revelarnos cómo es nuestro Dios y el incansable trabajo que realiza para nuestra dignificación como hijos. Dignificación que sólo se consigue si permanecemos unidos a Cristo-Jesús. Para que esos lazos no se rompan jamás, nos ha dejado su Espíritu, aquel que le inundó de amor a Dios y a los hombres. Espíritu que permanece en nosotros desde el día de nuestro bautismo y que, aunque nosotros le olvidemos o marginemos, Él siempre permanece.

Por eso en está fiesta y todos los días recemos al Espíritu para que Él haga en nosotros lo que necesitamos para ser discípulos.





ORACIÓN BÍBLICA AL ESPÍRITU SANTO


Espíritu Santo,


haznos verdaderamente espirituales en Ti, (Col 1,9)


Sométenos a tu influencia


y habita en nuestras almas, (1Cor 2,12)


anima nuestros cuerpos, (1Cor 15,44)


vivifica todas nuestras obras, (1Cor 2,13)


pronuncia Tú nuestra plegaria, (Ef 5,19)


para que seamos hijos del Padre (Ef 4,6)


y hermanos de Cristo, nuestro Salvador. (Rom 8,29)


Amén.

 

jueves, 26 de mayo de 2011

Un ateo que marca la X para la iglesia católica.




sábado 27 de noviembre de 2010



UN ATEO QUE MARCA LA X PARA LA IGLESIA CATÓLICA



El doctor José Manuel López es especialista en Oncología en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander (Cantabria). No lo conozco de nada pero en un curioso artículo publicado ayer en la sección de opinión del Diario Montañés asegura que marca por convencimiento todos los años la equis en la casilla de la Iglesia Católica cuando hace su Declaración de la Renta. Y eso a pesar de declararse ateo:



"Si es reprochable empezar hablando de uno mismo, también será esclarecedor decir de entrada que mi pensamiento y mi vida discurren ajenos a los dioses, en general, y al Dios de los católicos en particular. No comulgué ni fui confirmado, me casé por lo civil, mis dos hijos no fueron bautizados y han estudiado en escuelas laicas, como su padre. Por lo breve, digo, ni soy católico ni aguardo orientación de ninguna fe religiosa, la que fuere". Para después añadir: "¿A qué viene, entonces, mi chocante postura de destinar la X del IRPF a la Iglesia Católica? Algunos la tildarán de gracieta simplona, otros de contradicción incomprensible, de inane provocación, etcétera. Nada opongo a tales opiniones, menos aún si sustentan la idea, más o menos refinada, de que seré aproximadamente un gilipollas. Pero si alguien desea curiosear en por qué un ateo marca su X a favor de la Iglesia, quizá le interesen mis tres razones principales" Tres razones que vienen desarrolladas en el artículo que merece la pena leer completo y que se pueden resumir en:

1) La Iglesia católica es históricamente la organización benéfica más eficiente: "No estableceré un ranking de altruismo, pero yo, siendo ateo, dudo que los recursos administrados por la Iglesia sean desdeñables o necesariamente sustituibles: voto por mantenerlos".

2) Es difícil entender, y entendernos, Europa obviando el catolicismo: "Asistí recientemente a la misa dominical en un convento de clarisas, con su olor inefable a musgo e incienso. A mediodía, las monjas ocupan un coro, allá por el ábside; los fieles llenan la pequeña nave y el cura lee sugestivos textos, y lo hace bien, y por un momento me siento parte de algo más grande y más permanente que yo, algo que sosiega la respiración y atempera el pulso, sin necesidad de lapidar a nadie. Y luego visité otra iglesia, donde se cantaban bellísimas habaneras de tema religioso. Voto por ese espíritu de paz y concordia, aunque yo no sea creyente".

3) Está harto de la beligerancia que existe contra la Iglesia Católica en nuestra sociedad española: "Justo por no serlo, me parece inexplicable el furor obsesivo por bajar los crucifijos de los colegios. No veo qué daño causan los símbolos de una fe que no me asiste, pero sí ilustra mi paisaje histórico y emocional. Me espanta el fanático que se jacta de clausurar escuelas católicas o quemar frailes. No concibo que un absurdo revanchismo haga saludar a gobernantes infames como Chávez y ningunear al Papa, líder espiritual de muchos compatriotas.

A mi juicio de ateo, es lógico y deseable que el Estado sea laico, pero sucede que España no lo es. Hay vida inteligente fuera del Estado, así que pongo la X para la Iglesia Católica, no vaya a ser que algún insensato la destine a construir mezquitas y tengamos que resucitar a don Juan de Austria".



Doctor José Manuel López.




 
 

viernes, 29 de abril de 2011

El que Vive da Vida.

El Que Vive da Vida




Escrito por: Juan Masiá Clavel [blogger] el 21 Abr 2011 - URL Permanente

MEMENTOS DE MUERTE Y ÁLBUM DE RESURRECCIÓN

Fotos familiares

“Por un memento cualquiera”. subtitulaba el diario Japan Times (Abril, 17) las fotos del reportaje con imágenes de supervivientes del terremoto. Rescatadores, voluntariado y personal de servicios públicos trabajaron cuidadosamente al desescombrar: no querían tirar como basura restos con huellas hogareñas. En el suelo de un gimnasio en Natori, provincia de Miyagi en Japón noreste, se alinean cientos de cajas con miles de fotos y objetos personales recuperados tras la catástrofe. Otros miles de fotografías cuelgan en tendederos improvisados en el mismo local. Una niña huérfana, un hombre viudo o una anciana sin familia recorren con su mirada la exposición a la espera de un recuerdo casero.

La mayoría de estos retratos no serán reclamados por nadie, desaparecidas las familias que los recordarían. Una investigación paciente en computadoras policiales o de registros civiles podrá deducir sus identidades, pero esa memoria externa no reproducirá jamás el recuerdo interno de las personas para las que esas escenas fueron vida cotidiana, lazo íntimo y calor familiar. Las computadoras tienen memoria; las personas, recuerdos: vivimos con y de evocaciones de raíces de vida...

La Biblia, álbum familiar

Se pueden hacer estudios filológicos, histórico-críticos y literarios sobre los textos bíblicos sin necesidad de que quien investiga sea creyente. Pero una lectura creyente, además de tener en cuenta esos estudios y servirse de ellos para enriquecer el estudio de la Biblia “desde fuera”, se pone a la escucha del texto “desde dentro”: desde el seno de una comunidad de interpretación animada por el Espíritu. Con fe en “El que vive y da vida”, recuerdan, transmiten y reinterpretan “Su Palabra”. A la familia reunida, que comenta el álbum de fotos recreando sus escenas, se le convierten “los recuerdos de esperanzas en esperanzas de recuerdos”, como diría Unamuno.

“El Que Vive” da vida: diez instantáneas evangélicas de resurrección

Instantánea 1: Ángeles y Marías

Dos Marías tiemblan ante una tumba entreabierta por terremoto (Mt 28, 1-8), Temen mirar dentro. Voz angélica las calma: “Éste no es el sitio de buscarle. Entró en la Vida y no está aquí. Id al lugar donde os espera, en la Galilea de vuestro día a día”.

Instantánea 2: Irrupción de “El Que Vive” en mitad del camino

Corrían las chicas entusiasmadas camino de la plaza vaticana de san Pedro, mejor dicho, de Jerusalén. Les corta el paso “El Que Vive” y les cambia la hoja de ruta en dirección opuesta, hacia Galilea: “Muchachas, a la rotonda y cambio de carril, rumbo a Galilea: la Galilea de los de fuera, las otras y los otros de otras fronteras; Galilea de naciones, Galilea de libertades, Galilea de injusticiados y empobrecidas, Galilea de hombres y mujeres con derecho a vivir como personas... Y, de paso, decid a mis amigos -Pedro, Santiago, Juan y compañía- que no se dejen engañar por el navegador multinacional, que descuelguen el Marcos o el de Mateo para no extraviarse” (Mt 28, 9’10).

Instantánea 3: En la Curia, firman un cheque

En las pantallas de vigilancia del servicio de seguridad registraron la conversación de “El Que Vive” con las mujeres. Porque las tenían muy fichadas. “Pobres, mujeres y encima embaucadas por el Jesús ese de las Redes con el cuento de la liberación”, decía el comandante,“no se las puede dejar solas”. Pero al oficial que detectó la imagen le remordía la conciencia. Marcó el número rojo del Secretario de Estado: “Señor, le paso en PDF la grabación, he comprobado que no es montaje, Él está vivo, ha hablado con las mujeres y dirige la operación “Libertad de espíritu”... Hay que convocar gabinete de crisis”. Le contestó un e-mail purpúreo a vuelta de correo: “Silencio, Giuseppe, silencio. Si esto se hace público y sale en El País, nos va a salir peor que lo de Maciel. P.D.: Por correo interno te mando el sobre sellado con el cheque para que selles tus labios”. (Mt 27, 62-66).

Instantánea 4: Toda, todo, todas y todos: en griego, pas, pasa, pan

En las oficinas de la brigada científica analizaron el mensaje cifrado de Mateo. (Mt 28, 16-20). “No hay duda, el código está en griego: el adjetivo pas, pasa, pan, que se traduce como “todo”, se repite cuatro veces.” Descifrado: A este Jesús se la dado “toda potestad” (pasa exusía) para liberar; dirige la operación liberadora “Monte de la Ascensión”. Ha lanzado un mensaje para “todos los pueblos” (panta ta ethne) y no excluye ni a uno de los en vías de desarrollo; su programa incluye toda su doctrina (panta osa eneteleinámen), sin excluir ninguna de las ocho bienaventuranzas revolucionarias; y garantiza ponerse él mismo en persona al mando de la operación “todos los días” (pasas tas hemeras) hasta la consumación de los siglos”. Descifrado el mensaje, lo enviaron por urgente a la Casa Blanca y a la Secretaría de Estado vaticana, con un letrero rojo que decía: “Top secret, interés común de secreto en ambas oficinas para ocultar la operación Ascensión”. (Mt 28, 11-15).

Instantánea 5: De uniforme blanco anti-radiaciones

La réplica del terremoto hizo caer por tierra a las tres chicas. Salomé palideció y María quiso gritar, pero se ahogaba. Malena, en cambió, sonreía, diciendo para sus adentros: “La que has liado esta vez, Jesús, eres único...” La losa de la tumba se había partido en dos. El chico con rostro de ángel, uniformado de blanco con impermeable anti-nuclear, medía con el contador Geiger el nivel de radiación. “¿Qué habrían metido en esa sepultura? Despide más miles de milisivertes que los tolerados por ningún gobierno del mundo en sus centrales nucleares. No se acerquen, que es peligroso”. Pero Malena le interrumpió sonriente: “No hay miedo, chico. Si nosotras estamos ya contagiadas de resurrección. Ahora hay que contagiar al mundo entero con esas radiaciones. Y mientras Salomé y María salían huyendo poseídas de estupor, Malena se acercó al ángel y le dio un beso de vida de parte del Viviente, para que le perdiera el miedo a las radiaciones de “El Que Vive y da vida”. (Mc 16, 1-8).

Instantánea 6: Visible e invisible, el del turbante

Por el camino de Emaús: Juan, Cleofás y Malena se encuentran con el del turbante que les anima. Paran bajo la higuera a merendar. Mientras Malena parte el pan y reparte el vino, su rostro y el del peregrino se confunden en la foto, montaje inesperado, y el del turbante se hace invisible. A Cleofás y Juan se les abren los ojos: “¡Era El Que Vive! Corramos a contarlo. Se le encuentra en el Camino, en la Palabra y...cuando ellas parten el pan... (Lc 24, 13-35).

Instantánea 7: Un beso al alba

La madrugada del Domingo el Rabbuní se presenta radiante, llamando por su nombre a una creyente enamorada para darle un recado importante: “María, dile a mis amigos y amigas que yo no era ateo ni blasfemo, como creyó el Sanedrín, que vine para que todos y todas tengan vida en abundancia, que vivía en el Espíritu, movido por el Espíritu y que ahora vivo en el seno de Abba, Fuente Viva de la vida. Diles que os espero en la Vida”. Y un beso interminable de vida la dejó extasiada en brazos de El Que Vive. Así fue como empezó aquella mañana esta comunidad de amigas y amigos de El Que Vive, que veinte siglos después siguen enredadas y enredados en las redes del amor y la vida...”(Jn 20, 11-18).

Instantánea 8: El móvil de Tomás es un petardo

Tomás no se fía ni de su sombra, hasta cuando compra el periódico pide un recibo. “Eso de que Él vive os lo habéis inventado”. Pero al oir Su voz quedó perplejo.(Digo Su voz porque, según los cuatro registros de la buena noticia -Marcos, Mateo, Lucas y Juan-, al que vive no se le ve, sino se le escucha con fe para que se abran los ojos del corazón,...). Y El Que Vive dijo: “Mete tus manos en mis llagas” ( (Jn 20, 24-29). Tomás palpó solamente con la izquierda, mientras con la derecha empuñaba el móvil para fotografiar la prueba. Sorpresa la suya al volver a su aposento y conectar la computadora. Ni en pantalla ni en impresión aparece el Resucitado en la foto, solamente la mano de Tomás tratando de tocar lo invisible. “Este teléfono es un petardo o este ordenador está anticuado”, protestó. Y tuvo que explicárselo Juan. “El cuerpo glorioso del Resucitado no sale en las fotos. Su presencia es real, no física. No se le encuentra en pruebas, ni en el retorno al pasado o en la vuelta a esta vida terrena. El Que Vive para siempre ha entrado en la Vida Definitiva de Abba. Se le encuentra en la comunidad, donde se reunen por su Espíritu dos o tres en su nombre para el auténtico culto en Espíritu y Verdad, en el Espíritu que animaba a Jesús y en la Verdad que es el mismo Jesús en persona; se le encuentra trabajando siempre en la obra liberadora de Abba (Jn 4, 34: su obra, su opus, su ergon)”.

Instantánea 9. Boquerones de almuerzo en Tiberíades

Pedro, en calzoncillos, se esforzaba tirando de una red a punto de romperse. “Toda la noche sin pescar uno solo y ahora, de pronto, no damos abasto. ¿Qué te parece Juan?” “Ya te lo dije, Pedro, que por la derecha no se pesca nada. Hay que echar la red por la izquierda, que es por donde actúa el espíritu del Maestro”. “Vaya, Juan, tú siempre de progresía irónica, les va a entrar pelusilla a los blogueros talibancillos y a las cigüeñas desnortadas...”. A todo esto, la barca atracó y en la playa les esperaba arremangado El Que Vive, ofreciéndoles boquerones asados a la brasa. “Ya sabéis, chicos, a la hora de la verdad lo que cuenta es vivir y dar vida, venga, demos gracias por la vida y a degustar los boquerones”. (Jn 21, 1-14).

Instantánea 10: El Papa Pedro se confiesa

Mientras Felipe y compañeros atacan los boquerones y los riegan con un vinillo, El Que Vive toma aparte a Pedro, mientras Juan a distancia mira de reojo. “Así que, tú Pedro, me quieres, ¿verdad?” (Jn21, 15-23) “Sí Maestro, pero... es que con esto de ser Papa me has metido en un lío.” “No, Perico, muy sencillo. Funciona en colegialidad con Malena, que es más joven que tú. Y luego que te sustituya ella. Van a ser muy distintos los próximos siglos de historia de nuestro movimiento de pescar gente para la vida, si estas chicas se hacen cargo de la dirección”. “Pero , Maestro, si perdemos el poder, la barca se hunde, no se puede dejar el timón en manos de mujeres”. “Hombre de poca fe, aprende de Juan Marcos, mira qué bien deja escrito en su diario evangélico lo que os dije para que no se olvide: que entre vosotros no sea así, que no busquéis el poder” (Mc 10, 41-45). “Ya. Maestro, pero es que aunque yo sea Papa, ese Juan que nos está mirando desde allí tiene mucho peso entre los doce y dice unas cosas un poco peligrosas, que luego las difunde en sus meditaciones Martini”. “No, Pedro, no, tú deja que Juan sea Juan y Malena sea Malena, aprende de mí que abrazo con amor lo mismo a jesuitas que a opusianos, como con fariseos y publicanos, parto y reparto pan y vino, comparto con neocons y progres, con tal de que todos y todas amen, perdonen y pacifiquen. Olvídate de cotillear cómo es Juan o cómo es Santiago. Tú sígueme y que mi movimiento de las redes siga adelante. Llegará un día en que otro te ceñirá y pasarás el mal trago que yo pasé, pero por ahí se entra en la Vida y ahí te esperaré. Entretanto confirma a tus hermanos y hermanas en la esperanza, dales ánimo y alegría: y en cuanto al resto, incluidos dogmas y excomunioness, mitras, tiaras y capas pluviales… mejor que te desentiendas”.


























































domingo, 4 de julio de 2010

El Santo Rosario en el Rocío.

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Entre los actos celebrados durante la Conmemoración de la Romería del Rocío 2010 en el parque de Can Mercader, se celebro el Santo Rosario.
A las doce de la noche del sabado, daba lugar su inicio. En él participaron una gran mayoría de las personas que se encontraban allí celebrando la fiesta, y otros muchos que desplazaron hasta allí especialmente para participar en él.
El recorido de la procesión por el parque a la luz de las velas acompaño al Sin Pecado junto al rezo y el canto del coro de la hermandad y los asistentes, que participaron con un respetuoso silencio y devoción.
Al final todos nos unimos en el canto de la Salve Rociera.
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sábado, 5 de junio de 2010

Peregrinación a Santiago.

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Los días 1 al 4 de la semana pasada, 29 personas peregrinamos a Santiago de Compostela, el tiempo fue magnífico y el ambiente mucho mejor. Todos volvimos cansados y satisfechos.
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Santiago nos ha acogido con los brazos abiertos y han sido muy onerosos con nosotros (residencia, comidas, información,…).
El jueves, mientras Cornellà, participaba en la Eucaristía de la Festa Major, nosotros celebrábamos la Eucaristía de la Peregrinación, junto con dos grupos italianos y otro alemán.
El celebrante, un amable canónigo de la catedral nos pidió que la primera lectura la hiciéramos nosotros en català, así que Vicenta Sancho proclamó para todos la primera lectura y el salmo.
Después del evangelio, Núria Juncadella, en nombre de la Parroquia hizo la invocación al Apóstol.
El presidente de la celebración agradeció y alabó esta invocación, por su realismo, por la expresada confianza en el Señor y por las ganas que tenemos de continuar trabajando con la Ayuda del Espíritu Santo.
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INVOCACIÓN AL APÓSTOL SANTIAGO.

Señor Santiago,
desde Cornellà de Llobregat,
un grupo de treinta personas
hemos querido unirnos a los millones
de peregrinos que acuden a esta catedral compostela
donde reposan tus restos mortales,
para venerarte y agradecer a Dios tú fe
y suplicarte que intercedas:

Por nuestros niños y nuestros jóvenes,
que no abandonen la fe,
estamos viviendo malos momentos, Señor Santiago,
nuestros templos se están quedando vacíos
y con la sola fidelidad de la gente mayor.

Por las víctimas de la crisis económica:
traemos nombres y sufrimientos,
desánimo y frustración.
Señor Santiago intercede por las soluciones justas
y por el aumento de la Caridad y la Solidaridad.

Muchas otras cosas nos preocupan: pobreza, enfermedades,
falta de esperanza, ignorancia bíblica, rezo y culto rutinario,
desconocimiento personal de Nuestro Señor Jesucristo,

En todo ello estamos trabajando,
e imploramos que con tu intercesión
ruegues al Padre y a nuestro Señor Jesucristo
que nos envíen el Espíritu Santo,
que potencie nuestra fe,
que no perdamos la esperanza
que seamos testigos sinceros de su Amor,
que nos acojan en el cielo.

Amén.


.77.7


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viernes, 1 de enero de 2010

Oració per la PAU '09

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Pregària per la Pau 2009
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"Si quieres promover la Paz, protege la Creación"
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Canto de entrada.
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Somos un pueblo que camina/ y juntos caminando podemos alcanzar / otra ciudad que no se acaba, /sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad.
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Sufren los hombres, mis hermanos / buscando entre las piedras la parte de su pan. / Sufren los hombres oprimidos, / los hombres que no tienen ni paz ni libertad. / Sufren los hombres, mis hermanos, / más tu vienes con ellos y en ti alcanzarán…
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Otra ciudad que no se acaba, / sin penas ni tristezas: ciudad de eternidad.
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Danos valor para la lucha, / valor en las tristezas, valor en nuestro afán./ Danos la luz de tu palabra, / que guíe nuestros pasos en este caminar. / Marcha, Señor junto a nosotros, / pues sólo en tu presencia podemos alcanzar… otra ciudad...
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Dura se hace nuestra marcha, / andando entre las sombras de tanta oscuridad. / Todos los cuerpos, desgastados, / ya sienten el cansancio de tanto caminar./ Pero tenemos la esperanza / de que nuestras fatigas al fin alcanzarán … otra ciudad …
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Lectura del Libro del Génesis. 1,26-31
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Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo".
Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.Y los bendijo, diciéndoles: "Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra".
Y continuó diciendo: "Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento.
Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde". Y así sucedió.Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.
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Texto de Su Santidad Benedicto XVI.
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1. Con ocasión del comienzo del Año Nuevo, quisiera dirigir mis más fervientes deseos de paz a todas las comunidades cristianas, a los responsables de las Naciones, a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo. El tema que he elegido para esta XLIII Jornada Mundial de la Paz es: Si quieres promover la paz, protege la creación. El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que «la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios»[1], y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. En efecto, aunque es cierto que, a causa de la crueldad del hombre con el hombre, hay muchas amenazas a la paz y al auténtico desarrollo humano integral —guerras, conflictos internacionales y regionales, atentados terroristas y violaciones de los derechos humanos—, no son menos preocupantes los peligros causados por el descuido, e incluso por el abuso que se hace de la tierra y de los bienes naturales que Dios nos ha dado. Por este motivo, es indispensable que la humanidad renueve y refuerce «esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y hacia el cual caminamos»[2].
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2. En la Encíclica Caritas in veritate he subrayado que el desarrollo humano integral está estrechamente relacionado con los deberes que se derivan de la relación del hombre con el entorno natural, considerado como un don de Dios para todos, cuyo uso comporta una responsabilidad común respecto a toda la humanidad, especialmente a los pobres y a las generaciones futuras. He señalado, además, que cuando se considera a la naturaleza, y al ser humano en primer lugar, simplemente como fruto del azar o del determinismo evolutivo, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad[3]. En cambio, valorar la creación como un don de Dios a la humanidad nos ayuda a comprender la vocación y el valor del hombre. En efecto, podemos proclamar llenos de asombro con el Salmista: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?» (Sal 8,4-5). Contemplar la belleza de la creación es un estímulo para reconocer el amor del Creador, ese amor que «mueve el sol y las demás estrellas»[4].
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3. Hace veinte años, al dedicar el Mensaje de la Jornada Mundial de la Paz al tema Paz con Dios creador, paz con toda la creación, el Papa Juan Pablo II llamó la atención sobre la relación que nosotros, como criaturas de Dios, tenemos con el universo que nos circunda. «En nuestros días aumenta cada vez más la convicción —escribía— de que la paz mundial está amenazada, también [...] por la falta del debido respeto a la naturaleza», añadiendo que la conciencia ecológica «no debe ser obstaculizada, sino más bien favorecida, de manera que se desarrolle y madure encontrando una adecuada expresión en programas e iniciativas concretas»[5]. También otros Predecesores míos habían hecho referencia anteriormente a la relación entre el hombre y el medio ambiente. Pablo VI, por ejemplo, con ocasión del octogésimo aniversario de la Encíclica Rerum Novarum de León XIII, en 1971, señaló que «debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el hombre] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación». Y añadió también que, en este caso, «no sólo el ambiente físico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que el hombre no domina ya, creando de esta manera para el mañana un ambiente que podría resultarle intolerable. Problema social de envergadura que incumbe a la familia humana toda entera»[6].
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4. Sin entrar en la cuestión de soluciones técnicas específicas, la Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa de llamar la atención con energía sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación. En 1990, Juan Pablo II habló de «crisis ecológica» y, destacando que ésta tiene un carácter predominantemente ético, hizo notar «la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad»[7]. Este llamamiento se hace hoy todavía más apremiante ante las crecientes manifestaciones de una crisis, que sería irresponsable no tomar en seria consideración. ¿Cómo permanecer indiferentes ante los problemas que se derivan de fenómenos como el cambio climático, la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales? ¿Cómo descuidar el creciente fenómeno de los llamados «prófugos ambientales», personas que deben abandonar el ambiente en que viven —y con frecuencia también sus bienes— a causa de su deterioro, para afrontar los peligros y las incógnitas de un desplazamiento forzado? ¿Cómo no reaccionar ante los conflictos actuales, y ante otros potenciales, relacionados con el acceso a los recursos naturales? Todas éstas son cuestiones que tienen una repercusión profunda en el ejercicio de los derechos humanos como, por ejemplo, el derecho a la vida, a la alimentación, a la salud y al desarrollo.
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5. No obstante, se ha de tener en cuenta que no se puede valorar la crisis ecológica separándola de las cuestiones ligadas a ella, ya que está estrechamente vinculada al concepto mismo de desarrollo y a la visión del hombre y su relación con sus semejantes y la creación. Por tanto, resulta sensato hacer una revisión profunda y con visión de futuro del modelo de desarrollo, reflexionando además sobre el sentido de la economía y su finalidad, para corregir sus disfunciones y distorsiones. Lo exige el estado de salud ecológica del planeta; lo requiere también, y sobre todo, la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son patentes desde hace tiempo en todas las partes del mundo.[8] La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando —ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social— son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí. Éstas obligan a replantear el camino común de los hombres. Obligan, en particular, a un modo de vivir caracterizado por la sobriedad y la solidaridad, con nuevas reglas y formas de compromiso, apoyándose con confianza y valentía en las experiencias positivas que ya se han realizado y rechazando con decisión las negativas. Sólo de este modo la crisis actual se convierte en ocasión de discernimiento y de nuevas proyecciones.
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6. ¿Acaso no es cierto que en el origen de lo que, en sentido cósmico, llamamos «naturaleza», hay «un designio de amor y de verdad»? El mundo «no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar [...]. Procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad»[9]. El Libro del Génesis nos remite en sus primeras páginas al proyecto sapiente del cosmos, fruto del pensamiento de Dios, en cuya cima se sitúan el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza del Creador para «llenar la tierra» y «dominarla» como «administradores» de Dios mismo (cf. Gn 1,28). La armonía entre el Creador, la humanidad y la creación que describe la Sagrada Escritura, se ha roto por el pecado de Adán y Eva, del hombre y la mujer, que pretendieron ponerse en el lugar de Dios, negándose a reconocerse criaturas suyas. La consecuencia es que se ha distorsionado también el encargo de «dominar» la tierra, de «cultivarla y guardarla», y así surgió un conflicto entre ellos y el resto de la creación (cf. Gn 3,17-19). El ser humano se ha dejado dominar por el egoísmo, perdiendo el sentido del mandato de Dios, y en su relación con la creación se ha comportado como explotador, queriendo ejercer sobre ella un dominio absoluto. Pero el verdadero sentido del mandato original de Dios, perfectamente claro en el Libro del Génesis, no consistía en una simple concesión de autoridad, sino más bien en una llamada a la responsabilidad. Por lo demás, la sabiduría de los antiguos reconocía que la naturaleza no está a nuestra disposición como si fuera un «montón de desechos esparcidos al azar»[10], mientras que la Revelación bíblica nos ha hecho comprender que la naturaleza es un don del Creador, el cual ha inscrito en ella su orden intrínseco para que el hombre pueda descubrir en él las orientaciones necesarias para «cultivarla y guardarla» (cf. Gn 2,15)[11]. Todo lo que existe pertenece a Dios, que lo ha confiado a los hombres, pero no para que dispongan arbitrariamente de ello. Por el contrario, cuando el hombre, en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios, lo suplanta, termina provocando la rebelión de la naturaleza, «más bien tiranizada que gobernada por él»[12]. Así, pues, el hombre tiene el deber de ejercer un gobierno responsable sobre la creación, protegiéndola y cultivándola. [13].
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7. Se ha de constatar por desgracia que numerosas personas, en muchos países y regiones del planeta, sufren crecientes dificultades a causa de la negligencia o el rechazo por parte de tantos a ejercer un gobierno responsable respecto al medio ambiente. El Concilio Ecuménico Vaticano II ha recordado que «Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos»[14]. Por tanto, la herencia de la creación pertenece a la humanidad entera. En cambio, el ritmo actual de explotación pone en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no sólo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras[15]. Así, pues, se puede comprobar fácilmente que el deterioro ambiental es frecuentemente el resultado de la falta de proyectos políticos de altas miras o de la búsqueda de intereses económicos miopes, que se transforman lamentablemente en una seria amenaza para la creación. Para contrarrestar este fenómeno, teniendo en cuenta que «toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral»[16], es también necesario que la actividad económica respete más el medio ambiente. Cuando se utilizan los recursos naturales, hay que preocuparse de su salvaguardia, previendo también sus costes —en términos ambientales y sociales—, que han de ser considerados como un capítulo esencial del costo de la misma actividad económica. Compete a la comunidad internacional y a los gobiernos nacionales dar las indicaciones oportunas para contrarrestar de manera eficaz una utilización del medio ambiente que lo perjudique. Para proteger el ambiente, para tutelar los recursos y el clima, es preciso, por un lado, actuar respetando unas normas bien definidas incluso desde el punto de vista jurídico y económico y, por otro, tener en cuenta la solidaridad debida a quienes habitan las regiones más pobres de la tierra y a las futuras generaciones.
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8. En efecto, parece urgente lograr una leal solidaridad intergeneracional. Los costes que se derivan de la utilización de los recursos ambientales comunes no pueden dejarse a cargo de las generaciones futuras: «Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y beneficio para todos, es también un deber. Se trata de una responsabilidad que las generaciones presentes tienen respecto a las futuras, una responsabilidad que incumbe también a cada Estado y a la Comunidad internacional»[17]. El uso de los recursos naturales debería hacerse de modo que las ventajas inmediatas no tengan consecuencias negativas para los seres vivientes, humanos o no, del presente y del futuro; que la tutela de la propiedad privada no entorpezca el destino universal de los bienes[18]; que la intervención del hombre no comprometa la fecundidad de la tierra, para ahora y para el mañana. Además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional, especialmente en las relaciones entre países en vías de desarrollo y aquellos altamente industrializados: «la comunidad internacional tiene el deber imprescindible de encontrar los modos institucionales para ordenar el aprovechamiento de los recursos no renovables, con la participación también de los países pobres, y planificar así conjuntamente el futuro»[19]. La crisis ecológica muestra la urgencia de una solidaridad que se proyecte en el espacio y el tiempo. En efecto, entre las causas de la crisis ecológica actual, es importante reconocer la responsabilidad histórica de los países industrializados. No obstante, tampoco los países menos industrializados, particularmente aquellos emergentes, están eximidos de la propia responsabilidad respecto a la creación, porque el deber de adoptar gradualmente medidas y políticas ambientales eficaces incumbe a todos. Esto podría lograrse más fácilmente si no hubiera tantos cálculos interesados en la asistencia y la transferencia de conocimientos y tecnologías más limpias.
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9. Es indudable que uno de los principales problemas que ha de afrontar la comunidad internacional es el de los recursos energéticos, buscando estrategias compartidas y sostenibles para satisfacer las necesidades de energía de esta generación y de las futuras. Para ello, es necesario que las sociedades tecnológicamente avanzadas estén dispuestas a favorecer comportamientos caracterizados por la sobriedad, disminuyendo el propio consumo de energía y mejorando las condiciones de su uso. Al mismo tiempo, se ha de promover la búsqueda y las aplicaciones de energías con menor impacto ambiental, así como la «redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos»[20]. La crisis ecológica, pues, brinda una oportunidad histórica para elaborar una respuesta colectiva orientada a cambiar el modelo de desarrollo global siguiendo una dirección más respetuosa con la creación y de un desarrollo humano integral, inspirado en los valores propios de la caridad en la verdad. Por tanto, desearía que se adoptara un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia, virtud que indica lo que se ha de hacer hoy, en previsión de lo que puede ocurrir mañana[21].
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10. Para llevar a la humanidad hacia una gestión del medio ambiente y los recursos del planeta que sea sostenible en su conjunto, el hombre está llamado a emplear su inteligencia en el campo de la investigación científica y tecnológica y en la aplicación de los descubrimientos que se derivan de ella. La «nueva solidaridad» propuesta por Juan Pablo II en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990 [22], y la «solidaridad global», que he mencionado en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2009 [23], son actitudes esenciales para orientar el compromiso de tutelar la creación, mediante un sistema de gestión de los recursos de la tierra mejor coordinado en el ámbito internacional, sobre todo en un momento en el que va apareciendo cada vez de manera más clara la estrecha interrelación que hay entre la lucha contra el deterioro ambiental y la promoción del desarrollo humano integral. Se trata de una dinámica imprescindible, en cuanto «el desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de la humanidad»[24]. Hoy son muchas las oportunidades científicas y las potenciales vías innovadoras, gracias a las cuales se pueden obtener soluciones satisfactorias y armoniosas para la relación entre el hombre y el medio ambiente. Por ejemplo, es preciso favorecer la investigación orientada a determinar el modo más eficaz para aprovechar la gran potencialidad de la energía solar. También merece atención la cuestión, que se ha hecho planetaria, del agua y el sistema hidrogeológico global, cuyo ciclo tiene una importancia de primer orden para la vida en la tierra, y cuya estabilidad puede verse amenazada gravemente por los cambios climáticos. Se han de explorar, además, estrategias apropiadas de desarrollo rural centradas en los pequeños agricultores y sus familias, así como es preciso preparar políticas idóneas para la gestión de los bosques, para el tratamiento de los desperdicios y para la valorización de las sinergias que se dan entre los intentos de contrarrestar los cambios climáticos y la lucha contra la pobreza. Hacen falta políticas nacionales ambiciosas, completadas por un necesario compromiso internacional que aporte beneficios importantes, sobre todo a medio y largo plazo. En definitiva, es necesario superar la lógica del mero consumo para promover formas de producción agrícola e industrial que respeten el orden de la creación y satisfagan las necesidades primarias de todos. La cuestión ecológica no se ha de afrontar sólo por las perspectivas escalofriantes que se perfilan en el horizonte a causa del deterioro ambiental; el motivo ha de ser sobre todo la búsqueda de una auténtica solidaridad de alcance mundial, inspirada en los valores de la caridad, la justicia y el bien común. Por otro lado, como ya he tenido ocasión de recordar, «la técnica nunca es sólo técnica. Manifiesta quién es el hombre y cuáles son sus aspiraciones de desarrollo, expresa la tensión del ánimo humano hacia la superación gradual de ciertos condicionamientos materiales. La técnica, por lo tanto, se inserta en el mandato de cultivar y guardar la tierra (cf. Gn 2,15), que Dios ha confiado al hombre, y se orienta a reforzar esa alianza entre ser humano y medio ambiente que debe reflejar el amor creador de Dios»[25].
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11. Cada vez se ve con mayor claridad que el tema del deterioro ambiental cuestiona los comportamientos de cada uno de nosotros, los estilos de vida y los modelos de consumo y producción actualmente dominantes, con frecuencia insostenibles desde el punto de vista social, ambiental e incluso económico. Ha llegado el momento en que resulta indispensable un cambio de mentalidad efectivo, que lleve a todos a adoptar nuevos estilos de vida, «a tenor de los cuales, la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones»[26]. Se ha de educar cada vez más para construir la paz a partir de opciones de gran calado en el ámbito personal, familiar, comunitario y político. Todos somos responsables de la protección y el cuidado de la creación. Esta responsabilidad no tiene fronteras. Según el principio de subsidiaridad, es importante que todos se comprometan en el ámbito que les corresponda, trabajando para superar el predominio de los intereses particulares. Un papel de sensibilización y formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad civil y las Organizaciones no gubernativas, que se mueven con generosidad y determinación en favor de una responsabilidad ecológica, que debería estar cada vez más enraizada en el respeto de la «ecología humana». Además, se ha de requerir la responsabilidad de los medios de comunicación social en este campo, con el fin de proponer modelos positivos en los que inspirarse. Por tanto, ocuparse del medio ambiente exige una visión amplia y global del mundo; un esfuerzo común y responsable para pasar de una lógica centrada en el interés nacionalista egoísta a una perspectiva que abarque siempre las necesidades de todos los pueblos. No se puede permanecer indiferentes ante lo que ocurre en nuestro entorno, porque la degradación de cualquier parte del planeta afectaría a todos. Las relaciones entre las personas, los grupos sociales y los Estados, al igual que los lazos entre el hombre y el medio ambiente, están llamadas a asumir el estilo del respeto y de la «caridad en la verdad». En este contexto tan amplio, es deseable más que nunca que los esfuerzos de la comunidad internacional por lograr un desarme progresivo y un mundo sin armas nucleares, que sólo con su mera existencia amenazan la vida del planeta, así como por un proceso de desarrollo integral de la humanidad de hoy y del mañana, sean de verdad eficaces y correspondidos adecuadamente.
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12. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. En efecto, la degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que «cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia»[27]. No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social[28]. Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás. Por eso, aliento de buen grado la educación de una responsabilidad ecológica que, como he dicho en la Encíclica Caritas in veritate, salvaguarde una auténtica «ecología humana» y, por tanto, afirme con renovada convicción la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases, y en cualquier condición en que se encuentre, la dignidad de la persona y la insustituible misión de la familia, en la cual se educa en el amor al prójimo y el respeto por la naturaleza.[29] Es preciso salvaguardar el patrimonio humano de la sociedad. Este patrimonio de valores tiene su origen y está inscrito en la ley moral natural, que fundamenta el respeto de la persona humana y de la creación.
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13. Tampoco se ha de olvidar el hecho, sumamente elocuente, de que muchos encuentran tranquilidad y paz, se sienten renovados y fortalecidos, al estar en contacto con la belleza y la armonía de la naturaleza. Así, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma. El Magisterio de la Iglesia manifiesta reservas ante una concepción del mundo que nos rodea inspirada en el ecocentrismo y el biocentrismo, porque dicha concepción elimina la diferencia ontológica y axiológica entre la persona humana y los otros seres vivientes. De este modo, se anula en la práctica la identidad y el papel superior del hombre, favoreciendo una visión igualitarista de la «dignidad» de todos los seres vivientes. Se abre así paso a un nuevo panteísmo con acentos neopaganos, que hace derivar la salvación del hombre exclusivamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista. La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la «gramática» que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar. En efecto, también la posición contraria de absolutizar la técnica y el poder humano termina por atentar gravemente, no sólo contra la naturaleza, sino también contra la misma dignidad humana[30].
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14. Si quieres promover la paz, protege la creación. La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios «todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (Col 1,20). Cristo, crucificado y resucitado, ha entregado a la humanidad su Espíritu santificador, que guía el camino de la historia, en espera del día en que, con la vuelta gloriosa del Señor, serán inaugurados «un cielo nuevo y una tierra nueva» (2 P 3,13), en los que habitarán por siempre la justicia y la paz. Por tanto, proteger el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. He aquí un desafío urgente que se ha de afrontar de modo unánime con un renovado empeño; he aquí una oportunidad providencial para legar a las nuevas generaciones la perspectiva de un futuro mejor para todos. Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación.
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Vaticano, 8 de diciembre de 2009
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BENEDICTUS PP. XVI
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[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 198.
[2] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2008, 7.
[3] Cf. n. 48.
[4] Dante Alighieri, Divina Comedia, Paraíso, XXXIII,145.
[5] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990, 1.
[6] Carta ap. Octogesima adveniens, 21.
[7] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1990 1990, 10.
[8] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 32.
[9] Catecismo de la Iglesia Católica, 295.
[10] Heráclito de Éfeso (535 a.C. ca. - 475 a.C. ca.), Fragmento 22B124, en H. Diels-W. Kranz, DieFragmente der Vorsokratiker, Weidmann, Berlín19526.
[11] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 48.
[12] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 37.
[13] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 50.
[14] Const. past. Gaudium et spes, 69.
[15] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 34.
[16] Carta enc. Caritas in veritate, 37.
[17] Pontificio Consejo «Justicia y Paz», Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, 467;cf. Pablo VI,Carta enc. Populorum progressio, 17.
[18] Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 30-31. 43.
[19] Carta enc. Caritas in veritate, 49.
[20] Ibíd.
[21] Cf. Santo Tomás de Aquino, S. Th., II-II, q. 49, 5.
[22] Cf. n. 9.
[23] Cf .n. 8.
[24] Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 43.
[25] Carta enc. Caritas in veritate, 69.
[26] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 36.
[27] Carta enc. Caritas in veritate, 51.
[28] Cf. ibíd., 15. 51.
[29] Cf. ibíd., 28. 51. 61; Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 38.39.
[30] Cf. Carta enc. Caritas in veritate, 70.
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Càntic de les Criatures de Sant Frances de Assís.
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Lloat sigueu, oh Senyor nostre
Lloat sigueu, oh Senyor nostre
(2)
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Per totes les criatures,
I pel sol i per la lluna,
Pels estels i el vent suau
I pel foc i l’aigua fresca.
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Per la nostra mare terra,
Que ens sosté i ens alimenta,
Per les flors, els fruïts i l’herba
I pel mar i les muntanyes.
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Perquè el sentit de la vida
És cantar-vos i lloar-vos,
I perquè la nostra vida,
Sigui sempre cant i dansa.
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Texto de Gervasio Sánchez en la entrega del premio Ortega y Gasset a una foto realizada por él.
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Estimados miembros del jurado, señoras y señores:
Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
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No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
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Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
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Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.
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Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
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Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.
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Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
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Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
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Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
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Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
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Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.
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Oración final
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Queremos pedirte, Señor,
Paz para aquellos que lloran en silencio;
Paz para los que no pueden hablar;
Paz cuando parece que todo se muere.
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En medio de la ira, la violencia y el desencanto,
de las guerras y la destrucción de la tierra:
muéstranos, Señor, en esta oscuridad, tu luz.
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Venimos a pedirte,
Paz para aquellos que alzan su voz en protesta;
Paz cuando muchos no la quieren escuchar;
Paz mientras hallamos el camino hacia la justicia.
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Que tu paz, Señor,
no nos abandone,
y que nosotros no abandonemos tu Espíritu.
Amén.
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Canto final.
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Habrá un día en que todos, al levantar la vista, Veremos una tierra que ponga libertad.
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Hermano, aquí mi mano, será tuya mi frente / y tu gesto de siempre caerá sin levantar / huracanes de miedo contra la libertad.
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Haremos el camino en un mismo trazado, / uniendo nuestros hombros para así levantar / a aquellos que cayeron gritando libertad.
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También será posible que esa hermosa mañana / ni tú, ni yo, ni el otro la lleguemos a ver, / pero habrá que forzarla para que pueda ser.
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Que sea como un viento que arranque los manojos / surgiendo la verdad y limpie los caminos / de siglos de destrozos contra la libertad.
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